No pregunta si estamos listos,
no da tiempo a ordenar recuerdos
ni a cerrar historias pendientes.
Simplemente llega…
y lo cambia todo.
No nos prepara.
No nos deja elegir el momento
ni las palabras.
A veces irrumpe en medio de la vida,
cuando aún había planes,
cuando el corazón creía
que quedaba tiempo.
Y duele más cuando no permite despedidas.
Cuando el adiós se queda atrapado en la garganta,
cuando el abrazo se queda esperando,
cuando el “te amo” no alcanza a salir
y el “perdóname” se vuelve eterno.
Nos vamos —o se van—
con frases incompletas,
con silencios cargados de significado,
con amores que no supieron decirse a tiempo.
Y a los que quedan
les toca aprender a vivir
con lo que no se dijo.
Por eso la vida insiste,
aunque no siempre la escuchemos:
di lo que sientes,
abraza más,
perdona antes,
ama sin tantas reservas.
No guardes palabras para después,
porque el después no está garantizado.
El último viaje no avisa.
Y cuando llega,
lo único que consuela
no es lo pendiente,
sino lo vivido.
©️ D.R.








