Un pobre hombre que vivía en la miseria y mendigaba de puerta en puerta, observó un carro de oro que entraba en el pueblo llevando a un rey sonriente y radiante.
El pobre se dijo de inmediato "Se ha acabado mi sufrimiento, se ha acabado mi vida de pobre. Este rey de rostro dorado ha venido aquí por mí, lo sé. Me cubrirá de migajas de su riqueza y viviré tranquilo" .
En efecto, el rey, como si hubiese venido para ver al pobre hombre, hizo detener el carro a su lado.
El mendigo, que se había postrado en el suelo, se levantó y miro al rey, convencido de que había llegado la hora de su suerte.
Entonces, de repente, el rey extendió la mano hacia el pobre y le dijo:
- Qué tienes para darme? El pobre, muy sorprendido y muy desilusionado, no supo que decir.
"Es un juego - se preguntó - lo que el rey me propone? ¿Se burla de mi? ¿Es un nuevo pesar?"
Entonces al ver la persistente sonrisa del rey, su luminosa mirada y su mano tendida, el pobre metió la mano en su alforja, que contenía unos puñados de arroz.
Cogió un grano de arroz, y se lo dio al rey, que le dio las gracias y se fue enseguida llevado por unos caballos sorprendentemente rápidos.
Al final del día, al vaciar su alforja, el pobre encontró un grano de oro.
Entonces se puso a llorar diciendo:
- ¿Porqué no le habré dado todo mi arroz?!
Y ahí estamos nosotros, frente al Rey, que es Jesús; y el Rey viene a nosotros y viene con las manos abiertas, pidiéndonos. Es distinto. Todos los reyes desde su opulencia te dan. Éste estira la mano. Y... voluntariamente ¿qué somos capaces de darle? Cuanto más le das al Rey más te da a ti. La medida de la generosidad nuestra es la medida de la generosidad de Dios para con nosotros. Cuanto más somos capaces de generosidad, Él más nos da a nosotros. Nosotros estamos tan agarrados de las cosas y de todo, que no queremos dar nada a nadie. Entonces Dios no nos da nada. Y seguimos así por la vida, mendigándola. Entonces hoy esta parábola es para entender que este Reino no es como lo del mundo, es otra cosa. Jesús nos pide estar dispuestos a servir a los hermanos, a servir al otro, a servir a Dios.
Ahí es donde descubrimos en la parábola un nuevo sentido de este reino. Este es el modo del reinado que tiene Jesús, éste es el nuevo Rey. Cuanto más damos, más tenemos. No es que cuanto más damos nos quedamos con nada. No. Cuanto más damos más nos da. Por eso, si nosotros alcanzamos a descubrir el sentido este, empezamos a entender por qué y cómo es este nuevo Reino. Y ojalá lo tomemos como Rey de nuestras vidas. Que ese sea nuestro Rey. Ningún rey de este mundo, Éste, Jesús!
(Ignoro el autor)
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