Pero podía leer los signos del paisaje, interpretar la manera en que serpentea el viento cuando baja la ladera del monte y hace ondas sobre las aguas de las acequias.
Para saber hacia qué lado queda cada sitio, eligieron el mástil de la escuela como centro de referencia. Quizás podría haber sido cualquier otra cosa, no es lo que importa.
Cuando pasaban por delante, disminuían el tranco del caballo y le dedicaban una reverencia de sombrero; erigieron la dignidad de una bandera en lo que era, por sí mismo, un pedazo de trapo al viento.
Pero para ganarle al vendaval no alcanza con enterrar raíces firmes en esta o aquella fe, hacienda o sistema poderoso.
Hay que saber también ser flexible como las copas de los álamos.
Así se construye en la cordillera del viento: mitad bajo tierra y mitad en el cielo. En la parte de la casa que sobresale del terreno hay pequeñas ventanas.
Por allí miraba la abuela, en las largas noches a resguardo, las luces de dos o tres casas vecinas a la distancia; suficiente para saber que hay una constelación de almas dispuestas a resistir.
Y si alguna hacía el gesto pre acordado, esa forma especial de prender y ocultar las llamas de querosén para indicar una emergencia, se saldría al rescate, sin medir consecuencias. Aún a riesgo de salir flameando, de tener que contemplar la belleza del pago desde bien arriba y por una última vez.
Roberto Juarroz
Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 5 de octubre de 1925 - Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995) fue un poeta, bibliotecario, crítico y ensayista argentino.
Biografía
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