Me gusta creer que vienes en forma de colibrí,
O que llegas con el viento que me motiva a seguir,
Me gusta creer que me escuchas hablar,
O que te pones triste, cuando me has visto llorar,
Me gusta creer que sigues conmigo,
Aunque no te pueda ver, ni sentir tu abrigo,
Me gusta creer que te volveré a ver,
Y que volaremos juntos hasta el amanecer.
Así es. Según la tradición oral y la mitología mesoamericana, el colibrí (o huitzilin en náhuatl) es considerado un mensajero sagrado y el único ser capaz de cruzar entre el mundo de los vivos y el Mictlán (el inframundo).
Se cree que cuando un colibrí se acerca a ti, trae el alma o un mensaje de un ser querido que ha fallecido.
Esta fascinante creencia tiene raíces profundas en las culturas prehispánicas, especialmente entre los mexicas: Huitzilopochtli: Era el dios de la guerra y del Sol, y su nombre significa literalmente "colibrí del sur" (huitzilin = colibrí y ōpōchtli = zurdo/sur).
Para los mexicas, los guerreros caídos en batalla se reencarnaban en colibríes después de acompañar al Sol durante sus primeros cuatro años.
El mensajero de los dioses: Tanto mexicas como mayas consideraban que estas aves eran las únicas capaces de llevar los pensamientos y deseos de los hombres entre la Tierra y el más allá.
Se dice que los dioses crearon al colibrí a partir de una pequeña flecha de jade, dándole la libertad de visitar cualquier dimensión.
El alma en pena: La leyenda cuenta que si un colibrí vuela alrededor de tu cabeza, significa que alguien fallecido te está visitando y trayendo un mensaje de amor o paz.
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