Es una de las personalidades de la historia argentina que logró el reconocimiento indiscutido de todos los argentinos.
Fue una figura clave para la concreción y la consolidación de nuestra independencia política. Además, contribuyó de manera decisiva en los procesos independentistas de Chile y del Perú; por lo tanto, fue un hombre indispensable para la emancipación de los pueblos sudamericanos.
Cada 17 de agosto se conmemora su paso a la inmortalidad.
Es de gran trascendencia traer al presente la semblanza y el legado de este gran revolucionario, nuestro Padre de la Patria y Libertador de América.
Rescatar su figura y su obra resulta imprescindible, porque nos ayuda a restablecer la dignidad, el honor y el amor por la Argentina; a recuperar nuestros sueños colectivos inconclusos y ubicarlos en el lugar que les corresponde, ese que nunca debemos abandonar.
Excepcional jefe y estratega militar, San Martín fue también un político brillante, con un proyecto para todo el continente americano. Comprendió que la dominación colonial constituía el eje central de los males que aquejaban a los pueblos de América.
Su ejemplo de lucha por la libertad, la emancipación y la independencia de estos pueblos, sometidos al yugo feroz de las potencias imperiales de su tiempo, constituye un legado fundacional siempre vigente que jamás debemos olvidar.
“Necesitamos pensar en grande: si no lo hacemos, nosotros tendremos la culpa”, le escribió San Martín al diputado por Mendoza Tomás Godoy Cruz dos meses antes de la declaración de la Independencia, en mayo de 1816. Habían transcurrido ya seis años desde la Revolución de Mayo “y los enemigos victoriosos por todos lados nos oprimen”, justificaba.
Tenía claro en ese momento que debíamos ser libres para poder, así, empezar a ser libres del yugo español, un pueblo de hombres y mujeres libres y no uno de súbditos insurgentes.
Un año después, en 1817, San Martín completaría una de las gestas más extraordinarias de la historia: el Cruce de los Andes. En pocos años, logró la liberación de Chile y preparó el ascenso hacia el Perú.
Luego de la histórica entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, en 1822, se puso a disposición y le entregó el mando de sus tropas al jefe militar venezolano, otro héroe de la emancipación americana.
En ese gesto San Martín privilegió el bien común por sobre los personalismos para reforzar el movimiento independentista que vivía América.
Entendió que debía dar un paso al costado y no generar un conflicto que pudiera poner en riesgo los logros que ya se habían alcanzado en la región.
“Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos”.
¡Cuántos hombres como el general San Martín le hacen falta a nuestra patria! En un nuevo aniversario de su fallecimiento, “que su estrella nos guíe”.
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