Buenos días –dijo el zorro.
–Buenos días –respondió cortésmente el principito, que se
dio vuelta, pero no vio nada.
–Estoy acá – dijo la voz– bajo el manzano...
–¿Quién eres? –dijo el principito–. Eres muy lindo...
–Soy un zorro –dijo el zorro.
–Ven a jugar conmigo –le propuso el principito–. ¡Estoy tan
triste!...
–No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy
domesticado.
–¡Ah! Perdón –dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, agregó:
–¿Qué significa “domesticar”?
–No eres de aquí –dijo el zorro–. ¿Qué buscas?
–Busco a los hombres –dijo el principito
–. ¿Qué significa
“domesticar”?
–Los hombres –dijo el zorro– tienen fusiles y cazan. Es muy
molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
–No –dijo el principito–. Busco amigos. ¿Qué significa
“domesticar”?
–Es una cosa demasiado olvidada –dijo el zorro–. Significa
“crear lazos”.
–¿Crear lazos?
–Sí –dijo el zorro–. Para mí no eres todavía más que un
muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te
necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más
que un zorro semejante a cien mil zorros.
Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del
otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único
en el mundo...
–Empiezo a comprender –dijo el principito–. Hay una flor...
Creo que me ha domesticado...
Antoine de Saint-Exupéry
No hay comentarios:
Publicar un comentario