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sábado, 27 de mayo de 2017

El amor que no se da, se pudre

Una niña sufría por las riñas y conflictos diarios de sus padres. Un día acompañó a su madre al cementerio y quedó sorprendida. “Mamá, le dijo, todas las tumbas está llenas de flores, y en todas se lee lo mismo: ‘A mi querido esposo’, ‘A mis queridos padres’... ¿Es que tenemos que morir para empezar a amarnos?”.

El amor hay que demostrarlo en la vida, no esperar a que la muerte arrebate todas las oportunidades.

Amar lleva consigo entregarse, dar la vida. El amor que no se da, se pudre. Amar no es dar cosas, es entregarse uno mismo. El que ama no debe poner los pies en la luna y los ojos en las estrellas, sino mirar bien abajo y pisar con firmeza la realidad diaria.
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Muchos se sienten emocionados al escuchar una bonita historia de amor. Se confunde con demasiada frecuencia el amor con el sentimiento. “A lo largo del camino que lleva al amor, muchos se detienen seducidos por los espejismos del amor: Si te emocionas hasta las lágrimas ante un sufrimiento, si sientes palpitar fuertemente tu corazón ante tal o cual persona, no es amor, sino sensibilidad. Si te dejas prender en su poder apacible o en su encanto; si, seducido, te abandonas, no es amor, sino una rendición. Si, turbado, te extasías ante su belleza y la contemplas para gozar de ella; si su espíritu te parece distinguido y buscas el placer de su conversación, no es amor, sino admiración. Si quieres a toda costa conseguir una mirada, una caricia, un beso; si estás dispuesto a todo por tenerla entre tus brazos y poseer su cuerpo, no es amor, es un deseo violento nacido de tu sensualidad. Amar no es sentir emoción por otro, sentir afecto sensible por otro, abandonarse a otro,
admirar a otro, desear a otro, querer poseer a otro y a los otros” (Michel Quoist).

No se puede jugar con el amor ni se puede confundir con un momento de deseo o de pasión. Sólo el amor maduro va más allá de los arrebatos, no teniendo nada que ocultar y respondiendo a todos los interrogantes. “No envenenes mi amor; amar es otra cosa... No profanes la rosa si no sabes de olor... Otra cosa es amor, mucho, mucho mejor... No deshojes la flor si te amas a ti misma; amor, que es egoísmo, no puede ser amor... Otra cosa es el amor... Claridad, ilusión, risa, confianza en ti; ver que tu corazón es sólo para mí... Saber que el sol, las flores, la vida es de los dos y que nuestros amores se confunden con Dios”

(Santiago Martínez).
El amor pone vida en todo. Para el que ama, todo sabe a vida.

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viernes, 26 de mayo de 2017

EL JARDÍN TECHADO

Nuestras relaciones nos definen. Con el paso de los años, sólo seriamos más viejos, sino fuera por dos cosas: los libros que leemos y la gente con la que nos relacionamos. Esto es lo que le da forma y esencia a nuestra vida. Las personas que elegimos para compartir nuestro tiempo, casarnos o asociarnos, son una muestra de lo que pensamos de nosotros mismos, de nuestros valores y del lugar que ocupamos en el mundo.
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Hay varios tipos de relaciones: algunas nos nutren, nos confortan y suplen nuestras carencias. Otras nos divierten, nos inspiran, nos retan y nos hacen crecer. Otras quizá, nos hacen daño al sabotear nuestro crecimiento o minar nuestro autoestima. Por supuesto, estas últimas, tendríamos que cortarlas por lo sano.

Sin embargo, en cualquier relación puede rondar una que otra amenaza que impide que los lazos se profundicen y fortalezcan. Una de las amenazas, la representa muy bien el cuento de aquel señor que, después de haber sembrado su jardín con árboles frutales y bellas flores junto al río, se sentaba orgulloso en su terraza para disfrutar de su obra. De pronto, ve que un niño seguido por un perro pisa sus flores al perseguir una pelota. Enojado, decide construir una pequeña reja para evitar el paso. Satisfecho, se sienta para disfrutar de su hermoso jardín, ahora sí sin peligro.

Al rato, ve que un venado asoma la cabeza para morder las hojas verdes de su jardín. Enfurecido, decide elevar más la reja para impedirlo. Cuando se disponía a sentarse una vez más, observa cuando se detiene una manada de pájaros para comerse sus manzanas. Furioso, decide techar el jardín para que nada ni nadie lo maltrate. Cuando saca su silla y ve aquel cuarto oscuro sin vida, sin los niños, sin el sonido del agua, sin la vista de los pájaros y de los animales, se da cuenta de su soledad y decide tirar todo, para que una vez más, otros lo visiten y disfruten del jardín.

Esta es una amenaza que ronda cualquier relación: el egoísmo que nos impide compartir libremente lo mejor que tenemos y exigir que el otro sea, piense y actúe como nosotros queremos. Lo irónico es que una vez que logramos tener relaciones valiosas, con frecuencia las descuidamos.

Como dice Milan Kundera: "La velocidad crea el olvido" . El tiempo pasa tan rápido que la ilusión nos hace pensar que estamos cerca de alguien con quien hace mucho no nos hemos comunicado, ni siquiera por escrito. Te puedo garantizar algo, esa relación no se ha fortalecido. La ausencia no fortalece una relación, la debilita. O peor aún, tenemos relaciones en las cuales estamos presentes, pero en realidad, estamos ausentes y distantes. Olvidamos con facilidad que la calidad de nuestra existencia humana se cimienta en nuestras relaciones. O, ¿acaso podemos ser felices solos?

Convendría recordar tres puntos que mantienen y fortalecen una relación:

EL COMPROMISO MUTUO:
Sin importar la vía, hay que mantenerse en contacto. Puede ser frente a frente, por teléfono, por carta o por correo electrónico. Si sólo procuras una amistad, seguramente la relación durará poco. ¿Te ha pasado que necia e inocentemente, invitas a alguien o lo buscas por teléfono y la otra persona no te responde? ¿O, tal vez somos nosotros los que en lo acelerado de la vida, con soberbia, nos sentimos autosuficientes y ni siquiera nos damos cuenta de ello?.

LA COMUNICACIÓN ABIERTA Y SINCERA
A veces nos da miedo abrirnos. Pensamos que, entre menos información demos y menos emociones mostremos, más a salvo nos encontramos. Es al revés. Al abrirnos, transformamos un mero intercambio de información, en una enriquecedora relación.

ENTENDER Y ACORDAR LO QUE ESPERAMOS DEL OTRO
Es importante hablar y decir lo que esperamos del otro. Es importante hablar y decir lo que esperamos uno del otro para aumentar las probabilidades de que nuestras expectativas se cumplan. Nunca es tarde. Cada día nos ofrece la perfecta oportunidad de retomar aquellas relaciones que, por alguna razón, hemos descuidado.

Si en cinco años, no queremos ser más viejos, leamos buenos libros y, sobre todo, compartamos nuestro jardín. Como dice la Madre Teresa: "Lo más valioso no es lo que tenemos en vida, sino a quiénes tenemos en nuestras vidas".

Autor Desconocido

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jueves, 25 de mayo de 2017

Carlos Guido y Spano: Argentino hasta la muerte

Argentino hasta la muerte






Hijo ilustre del general Tomás Guido –guerrero de la Independencia y amigo dilecto y confidente de San Martín- y de doña Pilar Spano –la hija del célebre héroe de Talca, el coronel Carlos Spano-, distinguida dama chilena, se conjugaron felizmente en don Carlos Guido y Spano el austero talento del padre y la gracia poética de la madre. La elevación espiritual de ese ejemplar arraigó en el hijo tanto más hondamente cuanto que éste sentía verdadera devoción por sus padres. Nació en Buenos Aires el 19 de enero de 1827 y aquí mismo transcurrió su infancia y cursó los primeros estudios, hasta que en 1840 su padre, que desempeñaba la embajada de Río de Janeiro, lo llevó a su lado junto con el resto de la familia. Allí empezó a despertar en él, en plena adolescencia, la afición a las letras, las artes y a todo lo bello.
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Contaba 19 años cuando hizo un romántico y breve retorno a la patria. En 1848, enviado a París porque su hermano Daniel se encontraba allí enfermo, tuvo la gran pena de conocer a su arribo, la noticia de la muerte de éste. El espectáculo de la revolución de aquel año, el mismo año del Manifiesto Comunista, había de distraer su dolor templando su espíritu liberal y afinado. Vuelto a Río y mimado de aquella sociedad, se mezcla a los círculos intelectuales en los que también es muy estimado. De nuevo viaja a Europa visitando esta vez primero Inglaterra, y después a Francia, en cuyas luchas participa quijotescamente. Y en 1852 regresa al país para ser testigo de la revolución de septiembre. Se mantiene al margen de los acontecimientos políticos, dedicándose por entero a la labor literaria, hasta que toma parte de la defensa de Buenos Aires como ayudante del general Angel Pacheco en la revolución de Hilario Lagos. Pero casi enseguida debe partir hacia Montevideo siguiendo a su padre, que había sido desterrado. Ya reestablecida la paz, el doctor Derqui ocupa la presidencia, y lo nombra subsecretario del departamento de Relaciones Exteriores. Nuestro poeta renuncia al cargo en octubre de 1861 y nuevamente va a refugiarse en Montevideo. Sobreviene para él una época de mezquina lucha por la vida que pone a prueba su natural optimismo y despreocupación de las cosas materiales. Debe volver incluso a Brasil, patria de sus primeros sueños juveniles, en misión comercial. Retorna allí al grupo de sus viejas amistades, pero el artista de alma no está hecho para esta clase de empresas, y helo otra vez en patria, entre sus libros y versos, en medio de penurias económicas, con la sola compensación de los afectos familiares.

En poco tiempo pierde a sus padres. Asola la ciudad la fiebre amarilla de 1871, y con infinita abnegación y simpatía humana, Guido y Spano se alista como primer soldado en la cruzada defensiva. Pierde también a la esposa. Tantos dolores acumulados parecen deprimirlo profundamente. Pero logra recomponerse y en 1872, siendo ministro Avellaneda del presidente Sarmiento, le confía la Secretaría del Departamento de Agricultura, de reciente creación. Desarrolla allí una proficua labor de dos años y ha de dejar el puesto para correr a la defensa del gobierno en la abortada revolución del 74. Algún tiempo después pasa a la dirección del Archivo General de la Provincia y desempeña también la vocalía del Consejo Nacional de Educación. Al fin, acogido a los beneficios de la jubilación, se retira a la vida privada.

Pero se afirma cada día su fama literaria y crece su popularidad alimentada por su natural hidalguía, generosidad y exquisitas dotes. Denunció entonces la manipulación histórica de los Mitre. Murió ya muy anciano el 25 de julio de 1918, habiendo conservado hasta los últimos tiempos toda la frescura y juventud de su espíritu, a pesar del asedio de una artritis incurable que lo postró durante veinte años, rodeado, como un profeta mítico, de jóvenes y viejos que lo visitaban y consultaban como al más respetado patriarca de las letras. Grandes homenajes oficiales y populares se rindieron en su tumba.

Fue Guido y Spano un delicadísimo poeta que amalgamó con sello muy personal, el sentido moderno de su poesía con un clásico equilibrio en la expresión de los sentimientos más tiernos y la contemplación casi pagana de la belleza. Se inicia como poeta publicando algunas composiciones en 1854 en la revista “El Paraná”, más tarde publica Ecos Lejanos y en 1871 Hojas al viento. Cantó con particular ternura los afectos del hogar. No es menos notable su prosa elegante y limpia: a la par que deliciosas descripciones desenvuelve con admirable humor, sagaces reflexiones y juicios certeros. Su principal obra de prosista está contenida en Ráfagas, publicada en 1879.

Trova

He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.

Tierra no hay como la mía;
¡ni Dios otra inventaría
que más bella y noble fuera!
¡Viva el sol de mi bandera!
Tierra no hay como la mía.

Hasta el aire aquí es sabroso;
nace el hombre alegre, brioso,
y las mujeres son lindas
como en el árbol las guindas;
hasta el aire aquí es sabroso.

¡Oh, Buenos Aires, mi cuna!
¡De mi noche amparo y luna!
aunque en placeres desbordes,
oye estos dulces acordes
¡oh, Buenos Aires, mi cuna!

Fanal de amor encendido,
borda el cielo tu vestido
de rosas y rayos de oro:
eres del mundo tesoro,
fanal de amor encendido.

¿Quién al verte no te admira
y al dejarte no suspira
por retornar a tus playas?
Deidad de las fiestas mayas,
¿quién al verte no te admira?

De tus glorias que otros canten,
y a la nubes te levanten
entre palmas y trofeos.
Yo no asisto a esos torneos:
de tus glorias que otros canten.

Tu esplendor diré tan sólo,
si no del ya viejo Apolo
con la lira acorde y fina,
en mi guitarra argentina
tu esplendor diré tan sólo.

Voluptuosa te perfumas
de junquillos y arirumas;
cuando te adornas y encintas,
en las áureas de tus quintas
voluptuosa te perfumas.

Goza del Plata al arrullo
llena de garbo y orgullo,
criolla sin par, blasonante
de tu destino brillante,
goza del Plata al arrullo.

Triunfa, baila, canta, ríe;
la fortuna te sonríe
eres libre, eres hermosa;
entre sueños, color rosa,
triunfa, baila, canta, ríe;

¡Cuántos medran a tu sombra!
Tu campiña es verde alfombra,
tus astros vivos topacios;
habitando tus palacios
¡cuántos medran a tu sombra!

Bajo de un humilde techo
vivo, en tanto, satisfecho
bendiciendo tu hermosura,
que bien cabe la ventura
bajo de un humilde techo.

La riqueza no es la dicha;
si perdí la última ficha
al azar de la existencia,
saqué en limpio esta sentencia:
la riqueza no es la dicha.

He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.

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miércoles, 24 de mayo de 2017

25 de Mayo de 1810: Nace la Patria

En las primeras horas de la madrugada, algunos patriotas se dirigieron a la casa del síndico Leiva para anunciarle que Saavedra y Castelli renunciaban a la flamante junta que presidía Cisneros. El amanecer del 25 frío y lluvioso no invitaba a salir a la calle. Sin embargo, los capitulares acudieron al edificio del Cabildo bien temprano y se encerraron en la planta alta.
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A las 9:30 consultaron a los jefes militares: no respaldarían el sostenimiento del virrey. Mientras tanto, hombres dirigidos por French ocupaban sectores de la plaza de la Victoria, entre el Cabildo y la Recova. Saavedra y Beruti ingresaron a entrevistarse con los cabildantes y les entregaron la lista con los nueve nombres que debían conformar la nueva Junta.

El Alcalde Juan José Lezica les agradeció el listado y dijo que sería tratado por el cuerpo capitular. La puerta se cerró. Era tiempo de esperar. Muchos de los postulados para gobernantes se reunieron en la casona de Azcuénaga, frente a la Recova, en las actuales Rivadavia y Reconquista.

El hermetismo en la sala de reuniones, el frío mediodía y la lluvia atentaron contra la paciencia de los hombres. Desde la Plaza gritaban: “¡El pueblo quiere saber lo que se trata!”, intentando apurarlos. French arrimó al Cabildo varias hojas con firmas de vecinos que reclamaban la instalación de la Junta y aclaró en términos nada confusos que el tiempo de las decisiones se agotaba.

A las tres de la tarde, Saavedra, Paso, Moreno, Alberti, Azcuénaga, Belgrano, Castelli, Larrea y Matheu se hincaron frente al crucifijo y juraron “desempeñar legalmente el cargo”. Fue el acta de defunción del virreinato, el gobierno patrio había nacido.



Feliz día de la Patria!!!!

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martes, 23 de mayo de 2017

¿Qué pasó el 24 de mayo de1810?

El voto de los asistentes al Cabildo Abierto del 22 había sido contundente: El virrey debía cesar en el mando. Pero los funcionarios querían mantenerlo. Resolvieron encontrar cuatro aceptables integrantes para completar una junta que presidiría el (no tan) depuesto virrey. La cuidada elección recayó en tres criollos (Saavedra, Castelli y el sacerdote Juan Nepomuceno Solá) más el español José Santos Inchaurregui.
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A las tres de la tarde los cinco integrantes de aquella primera Primera Junta se arrodillaron frente al crucifijo, en el piso superior del Cabildo, y juraron fidelidad al rey. Cisneros dijo palabras de rigor y, una vez concluida la ceremonia, el flamante quinteto se dirigió al fuerte, su sede de gobierno. Los capitulares se abrazaron: aun frente al avasallador resultado electoral del Cabildo Abierto, el virrey seguía a la cabeza.

Los promotores de la Revolución, en cambio, no celebraron. Esa noche, Saavedra y Castelli fueron increpados en la casa de Rodríguez Peña. Dos decisiones fundamentales se tomaron esa madrugada: los vocales renunciarían al amanecer y se presionaría al Cabildo para que aceptara la creación de una nueva Junta. Estaría integrada por un presidente y ocho vocales; dos de ellos, vocales secretarios.

La idea de un gobierno de nueve hombres fue de dos de los participantes en esa reunión secreta: el sacerdote Manuel Alberti y su amigo, el comerciante catalán Domingo Matheu.

Con la lista definida en aquella casa, partieron con sigilo a sus casas. Los esperaba una complicada jornada el viernes.

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Sergio Denis


No me digas más
que todo es tan duro,
amo este lugar,
creo en el futuro...
Yo no sé porque
lo ves diferente,
basta con estar ,
ser como la gente...
Y después sumar
y aceptar que somos
como los demás
que no estamos solos...
Y quedarse aquí,
seguir codo a codo,
este es mi país, el nuestro, el de todos...
Este cielo, esta casa, este sol,
todo lo que amamos...
Nuestra forma de ser, de vivir,
las cosas que cambiamos.
El orgullo de ser lo que soy,
de ser lo que somos,
que el pasado no mató al amor
a pesar de todo...
Yo siempre estaré
viviendo con todo,
dando lo mejor,
dándolo a mi modo.
No voy a parar
y que todos sigan
peleando con fe,
dándole a la vida...
Y quedarse aquí,
seguir codo a codo
este es mi país, el nuestro, el de todos...
Este cielo, esta casa, este sol,
todo lo que amamos...
Nuestra forma de ser, de vivir,
las cosas que cambiamos.
El orgullo de ser lo que soy,
de ser lo que somos,
que el pasado no mató al amor
a pesar de todo...
A pesar de todo seguimos luchando,
a pesar de todo seguimos sintiendo,
a pesar de todo seguimos amando,
a pesar de todo seguimos creyendo.
Este cielo, esta casa, este sol,
todo lo que amamos...
Nuestra forma de ser, de vivir,
las cosas que cambiamos.
El orgullo de ser lo que soy,
de ser lo que somos,
que el pasado no mató al amor
a pesar de todo...

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lunes, 22 de mayo de 2017

Mariano Moreno: El alma de la Revolución

Mucho se ha escrito sobre la Revolución de Mayo y sus protagonistas. Algunos historiadores lo hicieron con rigor académico y otros con una rara cuando no tendenciosa mezcla de éste y de sus personales posiciones ideológicas.
Para los primeros don Cornelio de Saavedra fue el centro sobre el que giraron los hechos de esa trascendente semana de Mayo.
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Los segundos trataron y tratan de ver en Mariano Moreno el “númen”, “el motor”, “el espíritu”, “el alma” de la Revolución y más recientemente como el “prócer del Bicentenario”
Si separamos, como se dice en el campo, la paja del trigo o sea los panegíricos y apreciaciones personales de lo que los documentos y protagonistas de la época nos dicen podremos tener una lectura más fina de los hechos.
A diferencia de lo sucedido en las gloriosas reconquistas de Buenos Aires en 1806 y 1807, la Revolución de Mayo no la hizo el pueblo, la hicieron los Comandantes de los cuerpos militares, con un grupo de eclesiásticos y de civiles, que venían conspirando secretamente.

La Buenos Aires de entonces

Buenos Aires, en aquella época tenía aproximadamente 50.000 habitantes, los vecinos “de distinción” (los que debieron ser llamados a resolver el asunto) rondaban los 3.000; el Cabildo invitó solamente a 500 de los que apenas concurrieron 224 y de ellos votaron por la cesación del Virrey 155. ¿Podemos decir que el “pueblo” participó en esta gesta o es más apropiado decir que solamente un grupo de civiles encabezados por Saavedra fueron los que se jugaron por el movimiento?
Creo que la palabra “pueblo” se debe utilizar en su mayor acepción… y ésta se puede, de alguna manera, medir por la cantidad de personas dentro del total que tiene una participación activa y decisoria.
Como pequeña muestra de ello traigo a colación el sincero comentario que el Notario Mayor del Obispado (no precisamente un ciudadano común) don Gervasio Antonio Posadas dejaba para la posteridad en sus “Memorias sobre la Revolución de Mayo”: “No tuve de ella la menor idea, ni noticia previa. Yo vivía tranquilo en mi casa, con mi dilatada familia… Cuando recibí esquela de convite a un Cabildo Abierto…no concurrí por hallarme legítimamente ocupado”. Más adelante manifiesta que no estaba de acuerdo con lo decidido por dicho Cabildo Abierto.
Complementaría lo precedente la forma en que se confeccionó la lista de “ciudadanos” pedida por los Señores Cabildantes, que respaldara lo solicitado por los Comandantes. Esta lista estuvo conformada en su gran mayoría por firmas de soldados, oficiales y clérigos.

“El primero de los patriotas y el alma de la Junta”…

Los criollos que venían desde hacía tiempo sintiendo las ansias de emancipación fueron Belgrano, Saavedra, Pueyrredón, los hermanos Rodríguez Peña, Vieytes y algunos pocos más.
En ese grupo, que venía arriesgando cuanto menos su libertad, no figuraba el Dr. Mariano Moreno.
Cabe aquí acotar que el Virrey Cisneros tenía, nombrados por él, a dos abogados consultores: los Dres. Leiva y M. Moreno.
Manuel Moreno en su obra “Vida y Memorias del Dr. Dn. Mariano Moreno” nos dice que: “Los informes que el nuevo jefe (Cisneros) recibió antes de su salida de Cádiz de las luces y acendrado patriotismo del Dr. Moreno…le hicieron formar un concepto muy ventajoso de sus conocimientos y consiguientemente lo honró con su más entera confianza eligiéndolo por uno de los consultores sobre los asuntos en que se iba a pronunciar”.
Quizá, cabría preguntarse con algún dejo irónico, haya sido ésta la causa por la que recién el 25 de Mayo por la noche, cuando todo estaba consumado, aparece en el Cabildo aquel a quien Juan María Gutiérrez llama con estrepitosa imagen: “el primero de los patriotas y el alma de la Junta”…
En honor a la verdad debemos comentar que el Dr. M. Moreno tuvo una previa “visita” al Cabildo con motivo del Cabildo Abierto del 22 de Mayo. En la sala del Cabildo se encontraba bastante lejos de las primeras filas habida cuenta que fue el votante número 151. El historiador Vicente Fidel López nos comenta que su padre, don Vicente López y Planes, le había transmitido que el “numen de Mayo” se encontraba “acurrucado en un rincón, parecía cabizbajo” y al preguntarle si estaba fatigado recibe como respuesta “estoy caviloso y muy inquieto…yo he votado con ustedes por la insistencia y majadería de Martín Rodríguez…”
El general Nicolás de Vedia (testigo presencial y votante) escribe en sus Memorias “Los principales sujetos que habían de tomar la voz en nombre del pueblo, eran los más próximos a las autoridades de uno y otro lado. El famoso doctor don Mariano Moreno, se había colocado tras de los bancos del pueblo, como excusándose de presentarse cual uno de los actos principales del momento”.
Respecto a la actuación de don Cornelio de Saavedra es oportuno citar a don Manuel Belgrano quien en su Autobiografía nos dice: “No puedo pasar en silencio, las lisonjeras esperanzas que me había hecho concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución, en que es preciso, hablando verdad, hacer justicia a don Cornelio de Saavedra”.
Bartolomé Mitre en su obra “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” nos dice: “El voto de D. Cornelio Saavedra fue el que arrastró tras sí la mayoría”

Saavedra y Moreno en paralelo

Es oportuno en este momento hacer un apretado paralelo entre estas dos figuras emblemáticas a través de algunas de sus actuaciones previas a la Revolución de Mayo.
1.- Durante las invasiones inglesas, Saavedra con sus compañeros de armas tuvo un papel descollante luchando junto al pueblo contra el invasor. Moreno, por su parte, no figura en ninguna lista de voluntarios ni de vecinos que aportaron su brazo o dinero para contribuir a la Reconquista y después a la Defensa.
En “Vida y Memorias del Dr. M. Moreno” leemos que el día de la entrada de los ingleses expresaba “he llorado más que otro ninguno”. Se puso, en esos días, a escribir un diario narrando los sucesos. Escribía en su bufete de abogado lo que otros, militares y ciudadanos, hacían en los puestos de combate durante el día. Mientras unos daban el oro y la sangre… el Dr. Moreno dio su llanto y su tinta.
2.- El 1º de Enero de 1809 el llamado partido patriota (los Patricios entre ellos) brindó su apoyo a Liniers, M. Moreno prestó su apoyo al partido español en la persona del Alcalde de primer voto don Martín de Alzaga.
Manuel Moreno, su hermano, nos dice que Mariano había hecho aconsejar a la Junta de Sevilla el 13 de Setiembre de 1808 la rápida remoción de Liniers a fin de “promover a la defensa de estos dominios”. Probablemente en la errada creencia de que Liniers entregaría a Bonaparte el Virreinato.
3.- Cuando suceden los levantamientos de Chuquisaca del 25 de Mayo de 1809 y el de La Paz del 16 de Julio del mismo año, el Virrey Cisneros, siguiendo los consejos de sus dos abogados consultores (Leiva y Moreno), falla castigando con pena de muerte a los amotinados.
4.- En las reuniones secretas de los conspiradores hay una definida y probada participación de don Cornelio de Saavedra en ellas, no así de don Mariano Moreno. Esto último es claramente comprensible, ya que ponerlo a él sobre aviso hubiera sido, posiblemente, entregar a Alzaga o a Cisneros los detalles de la conspiración.
Los más ardientes panegiristas de Moreno nunca se animaron a afirmar de su presencia en esas reuniones. Algunos nos dicen que el Dr. Moreno tuvo un “perfil bajo” durante esas semanas y días. Flaco favor le hacen a Moreno este tipo de adjetivos….Hubiera sido mas honesto y “elegante” decir que Moreno no entendió el proceso de Mayo y que luego metido en él contra su voluntad, trató de hacer lo que estimaba oportuno para los tiempos que vivía.
5.- Finalmente, cuando ya había sido elegido como uno de los secretarios de la Junta nos narra su hermano Manuel en su obra “Vida y Memoria del Dr. Dn. Mariano Moreno”: “Muchas horas hacía que estaba nombrado secretario de la nueva Junta y aún estaba totalmente ignorante de ello, entretenido en casa de un amigo en conversaciones indiferentes. Al cabo de mucho tiempo en que yo mismo lo había buscado para avisarle de lo ocurrido lo vi entrar en casa, envuelto en mil meditaciones, sobre si debía o no aceptar el nombramiento. La legitimidad de los procedimientos que acababan de suceder; lo serio de las funciones que se le encomendaban….eran otras tantas cuestiones que ocupaban su reflexión…Me decía: El sosiego que he disfrutado hasta aquí en medio de mi familia y de mis libros será interrumpido”.
Fue el Dr. Moreno, el único que se preocupó más que de la patria, de la interrupción de su sosiego…
Mientras esto sucedía Saavedra ya estaba, junto con los otros miembros elegidos, trabajando para el mejor inicio de la Junta de Mayo.
Respecto al por qué del ingreso del Dr. Mariano Moreno en la Junta hay dos estudios que si bien están basados en documentación de la época son diferentes en cuanto a la explicación de dicho nombramiento.
Uno de ellos pertenece a Ricardo Levene que sostiene que dicho nombramiento se debió al lobby ejercido por los ingleses a favor de Moreno por haber contado con su apoyo en el asunto de las franquicias comerciales.
El otro punto de vista pertenece a M. Zuviría quien sostiene que como el partido español era mayoría en esa época en Buenos Aires, y habiendo el Dr. Moreno apoyado a Alzaga un año antes participando como secretario de la Junta presidida por éste español era conveniente que hubiera un cierto equilibrio en la Junta de Mayo. Moreno venía a acompañar a Matheu y Larrea.
Fuere cual fuere es evidente que el Dr. Moreno no entró por la “puerta grande” en la Junta de Mayo.

Alberto Bondessío

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domingo, 21 de mayo de 2017

22 de Mayo de 1810: Cabildo Abierto

El Cabildo comenzó a poblarse a partir de las ocho de la mañana. Asistieron 251 vecinos de los 450 que habían sido convocados. Entre los ausentes habría que considerar a algunos que fueron disuadidos de concurrir cuando ya estaban en las cercanías del edificio. El inicio de la reunión se demoró porque tres asistentes plantearon la nulidad de la asamblea por falta de quórum. El reclamo no prosperó.
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La imagen de una reunión muy formal y organizada que conocimos a través de las láminas escolares se contrapone al contenido de las cartas y relaciones que fueron escritas en los días posteriores. En el gran salón improvisado en el largo balcón (se usaron tapices para cerrarlo y protegerlos del frío y los curiosos) hubo empujones, gritos y hasta insultos para algún orador poco convincente. La ovación de la jornada fue para la propuesta de un español: el general Pascual Ruiz Huidobro planteó que el virrey Cisneros debía renunciar de inmediato.

Los discursos secaron las gargantas y fue necesario ir en busca de provisiones. Diez botellas del básico vino de carlón, seis botellones del buen tinto de Cádiz, más chocolate caliente y bizcochos sirvieron como refrigerio a los hombres que tomaban, además de una copita, graves decisiones.

Se resolvió que cada uno emitiría su voto en voz alta, dando todas las razones que considerase. Fue un desfile interminable de votos escuetos y exposiciones sobrecargadas. También se encargó comida al fondero Andrés Berdial, por lo tanto, el martes 22 de mayo tuvo lugar el primer delivery de nuestra historia patria.

Un detalle: el gobierno le pagó dieciocho pesos a quienes hicieron trámites de cafetería durante la maratónica sesión y además cuidaron un par de galeras que, por el frío, habían sido utilizadas para desplazarse. Fue el primer antecedente de los trapitos.

El Cabildo Abierto terminó a la medianoche, cuando se emitió el último de los votos. Los capitulares volverían a reunirse al día siguiente para el escrutinio que definiría la continuidad del virrey o su destitución.

POSTURAS POLÍTICAS DURANTE EL DEBATE EN EL CABILDO ABIERTO

El debate y la votación del cabildo abierto se desarrollaron alrededor de una cuestión central: si el virrey tenía o no que cesar en sus funciones y, en caso afirmativo, quién lo reemplazaría. Las posiciones extremas no obtuvieron muchos votos.

1) El obispo Lué sostuvo que, para asegurar la soberanía de Fernando VII en sus dominios americanos, el virrey debía continuar ejerciendo el gobierno con la única novedad de hacerlo junto con un miembro de la audiencia.

2) La posición del abogado criollo Juan José Castelli fue radicalmente la opuesta: sostuvo que el poder de España había caducado y que el pueblo debía asumir los derechos de soberanía y constituir un gobierno independiente.

Ninguna de las dos propuestas fue aceptada.

La mayoría de los presentes estaba de acuerdo en que el virrey debía dejar el gobierno. Las diferencias surgían sobre quién debía reemplazarlo.

3) El teniente general Pascual Ruiz Huidobro —comandante de las tropas peninsulares regulares— sostuvo que debía cesar la autoridad del virrey, la que sería reasumida por el cabildo como representante del pueblo, hasta tanto se formara un gobierno provisorio dependiente de la legítima representación del rey Fernando VII instalada en España.

4) Por su parte, Saavedra, el jefe de las milicias criollas, también sostuvo que el virrey debía cesar y que el cabildo debía asumir la autoridad, pero sólo transitoriamente hasta que se formara una junta que reemplazaría al virrey. Y afirmó además que aunque era el cabildo el que elegía a los miembros de la nueva junta de gobierno, era el pueblo el que le otorgaba la autoridad.

En la votación, la propuesta de Saavedra obtuvo la mayor cantidad de votos, seguida por la de Huidobro. En los días siguientes, las posiciones enfrentadas en el debate fueron asumidas por grupos que tenían intereses económicos y proyectos políticos diferentes. Criollos y peninsulares —y sus aliados— se enfrentaron con el objetivo de ocupar los cargos en la nueva junta, encargada provisionalmente del gobierno del Virreinato del Río de la Plata.

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sábado, 20 de mayo de 2017

Los hombres de Mayo y la ilustración del pueblo

Se cumplen ya más de dos siglos del memorable día en que se plasmaron sucesos extraordinarios para nuestra historia, porque fueron la cúspide de un proceso que venía plasmándose. En esa época sucedieron hechos puntuales en América y Europa que impulsaron a los criollos a cuestionar la autoridad española y tomar la decisión de formar un gobierno propio.
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Los grandes Hombres de Mayo revelaron el vigor y la fuerza de sus pensamientos, la actitud clara de sus espíritus, la firmeza de sus decisiones y convicciones para sentar las bases de una nueva Nación. El espíritu revolucionario hallábase plenamente saturado del vehemente afán de liberación; veían en la ilustración del pueblo el mejor fundamento y apoyo para su logro. Este noble deseo de instrucción se extendió con gran entusiasmo en los hombres del primer gobierno patrio, pese a las diferencias que se insinuaron desde sus comienzos. Una alta dosis de fe los fortalecía para afrontar la inmensa tarea con escasos recursos.
Fue realmente trascendente la irrupción de nuevos ideales de vida, que se tradujeron en una diferente concepción educacional que afirmó el basamento de la organización política democrática para la Nación. Hombres que ya habían tenido actuación en el quehacer educativo defendían con inflamadas palabras sus ideas sobre la educación del pueblo. Sostenía Fray Francisco de Castañeda: “Los triunfos de las armas serían efímeros sin la consolidación de una educación popular”, y el canónigo Juan Ignacio Gorriti: “El poder de la educación extirpa la ignorancia y la corrupción”. El Deán Funes, que al estallar la revolución se encontraba en situación de gestión como rector de la Universidad de Córdoba, puso un férreo compromiso en las ideas educativas renovadoras de la época.
Evocar a Manuel Belgrano, doctorado en las aulas salamanquinas, sugiere el recuerdo de su obra como educador que propagó en todos sus ministerios, doctrinas inspiradas en los sabios principios en pos de la felicidad y mejoramiento moral del pueblo. Sabía que no es posible avanzar un paso mientras el material humano no sea dignificado dándole desde la infancia “una regular educación que es el principio de donde resulta el bien de la sociedad”. Buscó el desarrollo del incipiente ser nacional construyendo una doctrina que abarcó lo social, lo económico y lo educativo. Conjugó el contenido del alma con la necesidad material, apuntando al desarrollo del espíritu y al progreso mental del educando. Impulsó la creación de escuelas, la de Comercio entre otras, previó escuelas gratuitas para niñas, se preocupó por la educación de la mujer y por la creación de escuela para niños de familias humildes. Sostenía que el Estado democrático tiene la obligación de desarrollar en toda su extensión la educación popular. En el plano de la enseñanza media destacó la importancia de una enseñanza especializada, tendiente a la formación técnico profesional que el país requería urgentemente. Ferviente defensor de la educación popular donó premio para la construcción de cuatro escuelas; premio que acompañó con un reglamento escolar, donde frente a la disciplina rígida de castigos corporales se pone de relieve la necesidad de suavizar la disciplina y “formar en los educandos un espíritu nacional que les haga preferir el bien público y estimar más la calidad de americano que la de extranjero”. Maravillosas palabras dirigidas al maestro: “Procurará con su conducta en todas sus expresiones y modos amor al orden respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de amor a la verdad y la ciencia, horror al vicio, inclinación al trabajo, desapego del interés, desprecio de todo lo que tienda a la profusión en el comer, vestir y más necesidades de la vida”.
Moreno fue la voz de orden de la generación constituyente para edificar la Nación y sigue siendo para las nuevas generaciones la palabra alentadora que sintetiza ideales de libertad y organización. La acción desarrollada en el campo educativo está basada en el concepto de la política cultural que debe cimentar un Estado soberano. A pocos días de establecido el nuevo gobierno rompe el fuego redactando el decreto relativo a la fundación de La Gaceta de Buenos Aires. En ella sustentaba el principio de que el pueblo tiene el derecho de saber de la conducta de sus representantes, afirmando el precepto de “libertad de escribir”. Manuel Alberti, sacerdote doctorado en Córdoba en Teología y Cánones que abrazó el ideario de Mayo, fue un tenaz colaborador en la redacción de este periódico.
Moreno soñaba con un pueblo laborioso y culto. “Las bibliotecas públicas son los signos de la ilustración de los pueblos” declaró al crear la Biblioteca de Buenos Aires, dando lugar a otras instituciones culturales como Archivo, Museo, etc. Apoyó la obra educativa de Belgrano. El arte no podía faltar, fomentó la creación de la Academia de Música.
Castelli, fogoso propulsor de las ideas liberadoras, apoyó la obra de Belgrano y Moreno. Estudiando Derecho en Chuquisaca conoció las ideas de la ilustración a favor de la soberanía popular, reforzando su deseo de igualdad de derechos para todas las clases sociales. Impulsó la creación de escuelas, el fin de la servidumbre indígena, la abolición de privilegio de sangre, destruyendo de ese modo el privilegio de castas. Difundió encendidas proclamas. Sostuvo que “los americanos sabían bien lo que querían y adónde iban”.
Larrea abrazó la causa americana, impulsó la ley de Aduanas, por la que pudieron entrar al país, máquinas, instrumentos científicos, libros e imprentas.
Azcuénaga, militar nacido en Buenos Aires, prestó colaboración al movimiento revolucionario uniendo su voluntad a los hombres que forjaron la patria.
Paso fue profesor de Filosofía en el Real Colegio de San Carlos, donde se destacó como alumno en esta disciplina Cornelio Saavedra, reconocido conservador , esperó un tiempo para asegurar que el pueblo había madurado en sus convicciones, sostuvo: “Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora.’
Éstos y más, fueron los hombres que supieron pulsar el corazón de un pueblo ansioso de percibir y asegurar los latidos de libertad para legarnos el fruto de una nación nueva y portentosa.
“El dogma de Mayo va desplegándose en la sucesión de las generaciones”.
Fue realmente trascendente la irrupción de nuevos ideales de vida, que se tradujeron en una diferente concepción educacional que afirmó el basamento de la organización política democrática para la Nación.

Alicia B. Olivieriy Rosa B. de Mutal

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viernes, 19 de mayo de 2017

La Jabonería de Vieytes

La llamada Jabonería de Vieytes -que como tal funcionó menos de dos años y fue seguramente una pantalla para encubrir las reuniones de los patriotas de Mayo- fue embargada durante el interinato virreinal de Santiago de Liniers.

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Sucedió en la jornada de la Nochebuena de 1808 mientras el propietario del inmueble, el subteniente de blandengues Nicolás Rodríguez Peña, padecía de nefritis aguda encarcelado en el cuartel de cántabros. Se lo sospechaba un revolucionario en inteligencia con su hermano Saturnino, aquel que había ayudado a fugarse al invasor William Carr Beresford. Saturnino Rodríguez Peña había remitido desde Río de Janeiro cartas comprometedoras con un emisario británico: el joven cirujano Diego Paroissien. Años después, sobre el mobiliario y gran biblioteca de la casa-vivienda de esa fábrica -que constituía el hogar del patricio Hipólito Vieytes, responsable industrial de los mejores jabones y velas de la ciudad, pero dueño de esos bienes personales- cayó la garra apropiadora de la Comisión de Secuestros surgida a consecuencia del golpe de abril de 1815 asestado contra el gobierno de Carlos María de Alvear.

El llamado Café de Marcos o de Mallco, en los tiempos de Mayo y casi al pie de San Ignacio, a un paso del Cabildo, era considerado una especie de tribuna abierta y nada escondida para la juventud amante de la exposición rebelde y polémica. Fue clausurado el 1º de enero de 1809 por el virrey Liniers.

Durante los cuatro años y algunos meses que Vieytes editó el Semanario de la Industria y Comercio -primer periódico escrito por un nativo- arrendó una casa de la viuda de un tal Miguel Alvarez en la calle San Juan, hoy Esmeralda, vereda oeste, entre las actuales Sarmiento y Perón. Allí funcionó la redacción de su periódico, pero, las invasiones inglesas, si bien concluyeron con la edición, despertaron a la vez la confianza de los combatientes de todo orden -ya fuera con las armas o con la pluma- para emprender planes independistas. En lo que fue la redacción y casa de Vieytes se concretaron las primeras reuniones de quienes decidieron acabar con la sujeción a la corona española.

El por entonces acaudalado Nicolás Rodríguez Peña propuso tener una sede más apartada para las tertulias secretas e iniciar a la vez una lucrativa actividad industrial que aprovechara el ingenio desplegado -entre muchos otros temas progresistas- por el impulsivo editor del semanario. El mismo Rodríguez Peña se propuso como socio de capital para que Vieytes fabricara jabón y velas con los métodos que había proclamado en el periódico. Dieron con una casa de la entonces calle de San Bartolomé, en la vereda que miraba al Norte (luego Agüero y actualmente México), propiedad que había sido conocida como la panadería de Videla. Estaba algo abandonada y habitada por seis negras libres, y quedaba a mitad de cuadra entre las hoy calles Lima y Bernardo de Irigoyen. Era una propiedad muy aislada porque un bajío y La Zanja -así llamada- a la que aprovisionaba para echar al río las aguas de lluvia, se interponían camino del Cabildo. La casa necesitaba ser remodelada para cumplir su función industrial y de vivienda, y así fuera habitable por la familia de Vieytes.

No habían logrado todavía curarse algunos heridos de la segunda invasión inglesa y menos aún acallarse los comentarios de las peleas cuerpo a cuerpo que regaron las fangosas calles de la Gran Aldea, cuando el socio de Vieytes compró la finca de 34 varas de frente y 60 de fondo en 2387 pesos y 3 reales. La escritura del 16 de octubre de 1807 la suscribió Nicolás Rodríguez Peña al folio 224 vta. del registro número 6 a cargo del escribano Inocencio Agrelo, según lo estableció el investigador Manuel Carlos Melo en la nota publicada en La Nación en 1964. El meritorio trabajo indagador terminó con la larga polémica que había sido entablada para determinar la ubicación de la jabonería, quizá porque varios autores -incluido Clemente L. Fregeiro- equivocaron su ubicación. Cuando Melo publicó el resultado de sus indagaciones, la jabonería hacía más de tres décadas que había sido reemplazada por un edificio funcional del arquitecto francés León Dourge. El solar llegó a declararse monumento histórico nacional, pero la avenida 9 de Julio cumplió con el desdén nativo por lo histórico.

Durante el embargo de la jabonería -el 24 de diciembre de 1808-, el aguacil Manuel Mansilla fue atendido por Vieytes que debió juramentarse frente al escribano Francisco Seijas a dar la información precisa y quedar como custodio de los bienes entre los que se consideró como tales a los esclavos Joaquín, Juan y José. Así quedó consignado en el sumario instruido a Diego Paroissien, y en los que debieron testimoniar el propio Vieytes, Juan José Castelli y Nicolás Rodríguez Peña. Este último fue sometido a prisión e igual pena padeció el médico inglés a pesar de la ingeniosa defensa que asumió el propio Castelli. Todos ellos, a excepción de Paroissien, fueron los primeros conjurados que sumaron a Manuel Belgrano en los cónclaves cobijados bajo la vivienda de Vieytes anexa a la jabonería. El zagúan daba a un hall y una amplia sala, pero la vivienda tenía muchos cuartos y un gran patio de tierra donde Castelli, Rodríguez Peña y otros visitantes dejaban sus cabalgaduras.

Fundación Leer
Que para el año 1810 las reuniones ya fueron tumultuosas lo demuestran las dos docenas y media de cubiertos, los cinco mates y las 45 sillas contadas entre el equipamiento que inventarió entre el 28 de abril y el 1º de junio la Comisión de Justicia tiempo después de haber apresado a un Vieytes casi moribundo tras los infortunados sucesos de 1815.

La "casa de café en la calle que va del colegio a la Plaza Mayor" (actual calle Bolívar) figura de esa manera aludida por su dueño, don Pedro José Marcó, en el reclamo para levantar la clausura del negocio. El Café de Marcos era un lugar deliberativo y el mejor. Cuando estalló la primera conjuración de Alzaga, el 1º de enero de 1809, Liniers, virrey y héroe de la Reconquista, mandó clausurarlo y dar tres días a Marcó para salir de la ciudad. Pero quedó su socio José Antonio Gordon, que presentó dos rogatorias a Liniers para reabrir el local, ambas denegadas. Claro que a principios de agosto asumió don Baltasar Hidalgo de Cisneros y en seguida retornó don Pedro Marcó. Elevó un memorial al nuevo virrey que denunciaba que sus pérdidas serían de 30 mil pesos en utensilios y productos y el 21 del mismo mes fue autorizado a reabrir su negocio.

La jabonería, como bien de la sucesión de la viuda de Rodríguez Peña, fue vendida en subasta judicial en 500 mil pesos hacia 1869.

Por Francisco N. Juárez

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 1919 del 17 de marzo de 1966.

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