Detrás de cada nombre de esta larga lista hay historias de amor, sacrificio, pecado y redención.
Personas comunes, con luces y sombras, fueron instrumentos para que se cumpliera la promesa más grande: la llegada del Salvador.
En esta línea, encontramos a hombres y mujeres imperfectos que nos enseñan que Dios no elige a los perfectos, sino que perfecciona a quienes elige.
Esta genealogía también nos interpela a reconocer nuestra propia historia, marcada por encuentros, desafíos y la constante fidelidad de Dios.
Así como en cada generación Dios fue preparando el camino para Cristo, también en nuestra vida va tejiendo su plan de amor.
¿Somos capaces de reconocer a Dios en nuestra historia familiar, con todo lo que somos y venimos cargando?
Dejemos que Él tome nuestra vida y la haga parte de su historia de salvación.
¿Qué huella quieres dejar en la historia que Dios sigue escribiendo?
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