domingo, 19 de abril de 2026

Leyenda japonesa

Existe una antigua leyenda japonesa que dice que, cuando el alma de una persona sube al cielo, Dios le regala una pequeña ventana desde la cual puede mirar a sus seres queridos en la Tierra. 
En el alféizar de esa ventana hay una maceta con una flor, y amarrado a una de sus ramas, un pequeño campanito. 
Cada vez que alguien, aquí en la Tierra, recuerda a esa persona que ya partió, el campanito suena suavemente. 
Cuando alguien dice palabras bonitas sobre ella, el sol se asoma entre las nubes. 
Y cuando alguien llora por su ausencia, comienza a llover, alimentando las raíces de la flor. 
Así, la flor crece, florece y alegra el corazón de quien la mira desde el cielo. 
Al principio, el campanito suena con frecuencia, el sol brilla y las lluvias son constantes, porque la memoria está viva y la gente habla mucho del que se fue, lo extraña, lo llora. 
Pero con el paso del tiempo, los sonidos se vuelven más raros, los rayos del sol llegan cada vez menos y los aguaceros se apagan… hasta que la flor empieza a marchitarse. 
Sin embargo, siempre debe existir al menos un corazón amoroso capaz de recordarlo, de pronunciar su nombre con cariño, de elevar una oración acompañada de lágrimas. 
Así, su alma no se sentirá sola en la oscuridad. 
Que a todos los que ya partieron les llegue la paz y la luz. 
Que sus campanitos sigan sonando, y que en esas ventanas del cielo vuelvan a florecer sus flores.

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