Necesitamos alejarnos de las distracciones y del ruido del mundo, para poder enfrentar nuestras heridas internas de manera honesta y profunda.
Es en esa tranquilidad, donde encontramos nuestro espacio para reflexionar sobre nuestros errores, nuestros dolores y nuestras esperanzas.
Todos cargamos con un pasado, con memorias y momentos que moldearon nuestras vidas. Algunas de estas experiencias nos han dejado cicatrices, nos han hecho dudar de nosotros mismos y de nuestras decisiones. Pero también es importante recordarnos, que no estamos atados a esos recuerdos.
Podemos elegir liberarnos de las cadenas que nos atan.
No se trata de olvidar, sino de perdonarnos a nosotros mismos y a los demás, y de aprender a llevar esas lecciones con nosotros, sin que nos definan por completo.
Cuando estamos preparados para dejar atrás las cargas del pasado, abrimos la ventana para construir un nuevo comienzo. Pero este nuevo comienzo, no puede ser frágil ni superficial.
Es como cuando nace un arbol, primero se hacen fuertes las raices para poder sostenerlo y alimentarlo.
Es un proceso que requiere tiempo y esfuerzo, pero con cada paso que damos hacia adelante, fortalecemos nuestra resiliencia y nuestra capacidad para afianzar nuestro futuro.
Extrañar lo que deseamos en un futuro nuevo, puede parecer contradictorio, pero en realidad es un recordatorio de nuestras ganas de amar, para poder ser felices y hacer felices, a quienes dejasmos entrar en nuestra vida.
Extrañar no es solo un sentimiento de añoranza, sino también una motivación. Nos recuerda que hay cosas valiosas que buscamos, como el amor, la felicidad y la tranquilidad.
Esta añoranza nos impulsa a seguir adelante, a trabajar en la dirección que queremos y a no conformarnos, con menos de lo que merecemos y merecen.
En ese momento, es cuando estamos preparados para que entre en nuestra vida quien nos respeta, nos apoya y nos inspira, entonces es cuando nuestro camino hacia la sanación y el crecimiento cobra un nuevo significado.
Compartir nuestro viaje con alguien que valore nuestras luchas y triunfos, nos brinda un apoyo inquebrantable. Para poder construir un futuro, fuerte y sólido.
La soledad para sanar, es un período de autodescubrimiento y autotransformación.
Es un tiempo para reflexionar sobre nuestro pasado, aprender de él y construir un futuro en el que seamos más fuertes, con los mejores cimientos, porque todo está en su sitio, la mejor instalación eléctrica, para que nunca se apagué la luz que ilimina el camino.
La soledad nos permite reconectar con nosotros mismos, para luego poder conectar de manera más profunda y significativa con aquellos que elijamos tener en nuestras vidas. P.B
No hay comentarios:
Publicar un comentario