sábado, 20 de junio de 2026

21 de Junio: Día del Padre

Hoy es el día del padre sin mi padre. 
Ninguna persona es la misma después de la muerte del padre. 
Dice Freud que esa pérdida es el acontecimiento más importante en la vida de un ser humano. 
Es verdad, yo no soy la misma persona. 
Estoy en pleno proceso de elaboración de ese duelo y de transformación. 
Hace muchos años que se me fue y lo sigo necesitando todos los días. 
Es que cambian muchas cosas. Las prioridades de la vida, por ejemplo.
Me ayudó un concepto que Santiago Kovadloff me dió con el pésame: 
nuestros padres dejan de estar a nuestro lado y pasan a estar adentro nuestro.
Fue un gran hijo, un gran padre y un gran abuelo. 
Pocas palabras y mucho ejemplo. Fuimos, somos y seremos, continuidad en la sangre.


No me entra en la cabeza que existan hijos peleados con padres y viceversa. 
No sabría cómo vivir sin ese combustible y ese afecto. 
Me estremezco de solo pensar en ellos. En mi viejo y en mi hijo. 
En sentirme un eslabón entre ambos. 
En haber experimentado en el cuerpo el paso de los años y los distintos roles que la vida nos va dando. Era curioso, inteligente, siempre quería saber y aprender más.
Hoy pruebe algo que le recomiendo desde el alma. Sin que su padre se de cuenta, sígalo profundamente con la mirada. Atenta y minuciosamente. Descubra en sus arrugas, las arrugas que a usted le van creciendo. En esas canas, sus propia canas. Descubra todos los gestos que usted heredó.
 ¿No me diga que tienen la misma forma de caminar? ¿Vió, que le dije? ¿Cómo le decía su madre en aquella vieja casa de la infancia? ¿Cómo le decía? 
Nene, vos sos igual a tu padre!!! Le recomiendo que repita la operación mirada profunda con su hijo. Abra los ojos hasta el cerebro, abra los poros, déjese invadir por ese aroma maravilloso que viene de la cocina. Reconozca que el pibe es ansioso porque usted lo es. Que cuenta las cosas con pasión porque lo aprendió de chico. Descubra en su hijo esa mirada húmeda y esa sonrisa que tiene tanto de usted y de su padre. Y del padre de su padre. Hoy es ideal para practicar esto que le digo. Pregúntele a su padre y a su hijo como ándan y tomese todo el tiempo para escucharlos. 
Hagan un campeonato de chistes mientras esperan el almuerzo familiar. 
Saquele el cuero a las mujeres empezando por su propia madre y después abrácela y dele un beso en la mejilla, un beso que haga mucho ruido y que contagie. Confiese que la quiere mucho. 
Y si puede cante, cante con su hijo y con su padre y con toda la familia. Cante por la alegría y por la esperanza. Cante para no llorar o cante y llore si quiere. 
Pero viva este domingo con toda la intensidad que pueda. 
No cuesta un peso y vale oro. 

Fragmentos extraídos de la Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre 18-06-24

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