“Una cosa bella no muere sin haber purificado algo.
No hay belleza que se pierda.
No debe asustar el sembrarlas por el camino.

Allí permanecerán durante semanas, durante años; pero no se disuelven, como no se disuelve el diamante, y alguien acabará por pasar que las verá brillar, las tomará y se marchará contento”.
La Inteligencia de las Flores.
Maurice Maeterlinck.
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