jueves, 23 de junio de 2022

24 de Junio: Día del Cantor Nacional. Fallecimiento de Carlos Gardel y de Rodrigo Bueno

 

El 24 de junio es un día de luto para la música popular argentina: en 1935 moría Carlos Gardel y en el 2000 perdía la vida Rodrigo Bueno, las estrellas del tango y el cuarteto que se convirtieron en leyendas.




Murieron antes de tiempo, en la plenitud de sus vidas. De manera trágica, como suelen acontecer las muertes prematuras. Partieron en el mejor momento de sus carreras y fueron llorados por todo un país. A pesar de la distancia temporal, Carlos Gardel y Rodrigo Bueno moldearon vidas con rasgos que las emparentaron. Y debido a esos caprichosos artilugios del destino, ambos abandonaron la vida física un 24 de junio.

En 1935, la muerte de Carlos Gardel conmocionó los argentinos y enlutó a buena parte de Latinoamérica. Tenía 44 años. En el 2000, la partida de Rodrigo Bueno sacudió a un país que repetía sus hits de memoria, como un mantra de divinidad festiva. Tenía 27 años.

A veces las leyes de la física fallan en sus dictámenes. Gardel y Rodrigo construyeron líneas paralelas con mojones en común que se empecinaron en cruzarlas. Acaso porque ambos ídolos les dieron a sus fanáticos esas alegrías que escapan a la razón, pero también les arrancaron las lágrimas del dolor más desgarrador ante la ausencia inexplicable.

“Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido”. (“Volver”, Carlos Gardel)

“Soy cordobés, me gusta el vino y la joda y lo tomo sin soda porque así pega más. Soy cordobés y me gustan los bailes y me siento en el aire si tengo que cantar”. (“Soy cordobés”, Rodrigo Bueno)

Nacimientos

El del Zorzal es un origen discutido, polémico. Se lo atribuyen unos y otros. ¿Argentino, francés o uruguayo? Según el prestigioso biógrafo, investigador e historiador Simon Collier, el más insigne de los cantantes argentinos nació el jueves 11 de diciembre de 1890 en el hospital Saint Joseph de la Grave, en la ciudad francesa de Toulouse y fue inscripto como Charles Romuald Gardes. Sacrilegio para los porteños que no logran entender cómo ese símbolo, tan genuino como el Obelisco y la calle Florida, puede haber nacido a orillas del río Garona. Parece ser que, cuando cumplió dos años, Berthe, su madre planchadora, decidió que había un destino más próspero en la lejana Buenos Aires. En la Reina del Plata se crió y educó. Y fue donde, en su temprana adolescencia, la inspiración golpeó a la puerta de la pieza donde dormía en la casa de la calle Jean Jaures. Carlitos Gardel, muy pronto, se convirtió en el mayor exponente de ese tango portuario con rítmica de 2x4.

En cambio, Rodrigo Alejandro Bueno nació el 24 de mayo de 1973 en su siempre homenajeada ciudad de Córdoba. “Córdoba capital”, como se encargaba de aclarar. Hijo de Pichín Bueno, cuya actividad siempre estuvo vinculada a los sellos discográficos y murió joven en los brazos de Rodrigo, y de la histriónica Beatriz Olave, esa mujer excéntrica a la que se le adosó la fama de su hijo. “A mi vieja le chifla el moño”, solía decir el cantante ante los arranques insólitos de esa madre de pelo platinado y bijouterie excesiva. Influenciado por los bailes de los barrios Alta Córdoba, Alberdi o General Paz, Rodrigo Bueno se encargó de desparramar el cuarteto de su provincia por todo un país que celebraba aquel “tunga tunga” fundado por Leonor, El Pibe Berna, Carlitos Rolán o El cuarteto de Oro.

Estilos

Carlos Gardel le dio forma al tango argentino de manera fundacional. El tango era y es Gardel. Auténtico, hizo de su fraseo y el porte arrabalero una marca de su orillo. Aquel artista que haya tenido aspiraciones vanguardistas o generar una ruptura en el género, primero tuvo que pasar por los cimientos de ese Gardel del siglo pasado que sentó las bases con ese tango genuino, purificado.

Rodrigo Bueno, en cambio, moldeó su estilo tomando los orígenes del cuarteto, el género musical nacido en la provincia de Córdoba, y mixturarlo con algo de cumbia bonaerense y santafesina, y construyó un repertorio festivo que incluyó algunos temas románticos.

Carlitos le dio bríos a un género recién nacido y lo irradió en buena parte del mundo. Rodrigo modificó los sonidos puros del cuarteto para hacerlo romper fronteras y generar una música nueva de trascendencia nacional.

Y si ambos eran exponentes de los géneros que interpretaban, lo cierto es que El Zorzal se animó con un foxtrot como “Rubias de New York” y Rodrigo arremetió con una versión tanguera de “Tango y pasión”. Grandes experiencias que les permitieron desplegar una paleta de colores expandida.

Descollaban en el escenario, pero ninguno se privó de escribir letras y componer música. Gardel, en muchas ocasiones en tándem con Alfredo Le Pera, fue el escriba responsable de títulos como “Volver”, “Por una cabeza”, “Mi Buenos Aires querido” y “El día que me quieras”, solo por citar algunos ejemplos representativos. En el caso de Rodrigo Bueno, su creatividad como compositor quedó registrada en medio centenar de títulos, aunque hits como “Soy Cordobés” o “Un largo camino al cielo” fueron escritos por Flavio Bueno, su hermano.

Carlos Gardel fue el artista más exitoso de su tiempo. En Argentina, sus actuaciones en teatros y clubes de barrio convocaban a multitudes. Lo mismo que sus películas, que generaban expectativa desde mucho antes del estreno. Cuesta abajo, Tango bar o El tango en Broadway fueron un suceso desde la primera proyección en matinée.

Muertes prematuras. Antes de tiempo. En el cenit de sus carreras artísticas. Idolatrados hasta el paroxismo. Murieron el mismo día, engendraron en el pueblo idéntico dolor. Razones suficientes para que Carlos Gardel y Rodrigo Bueno ofrendaran sus muertes para construir sus propias leyendas con mucho en común.

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