Nació en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires el 8 de octubre de 1927, donde vivió hasta 1945. Se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad y cuatro años más tarde, en 1956, se graduó de Licenciado y luego de Doctor en Química en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
En 1957 se presentó y fue
seleccionado por concurso para desempeñarse como investigador en el Instituto
Nacional de Microbiología Carlos Malbrán, que en esa época transcurría en un
momento brillante con la conducción de su director, Ignacio Pirosky.
Poco
tiempo después, en 1958, Milstein partió rumbo a Cambridge, Inglaterra,
favorecido por una beca. El lugar elegido fue el Medical Center Research, uno
de los centros científicos mundialmente reconocidos por su excelencia, y donde
trabajaba Frederick Sanger -catorce años más tarde fue Premio Nobel de Física-,
que fue su director de investigaciones.
Al terminar la beca, logró una prórroga
por dos años más, que fue aceptada de inmediato por el Dr. Pirovsky.
Regresó a la Argentina,
en 1961, y Milstein fue nombrado jefe del Departamento de Biología Molecular
del Instituto Malbrán, recientemente creado.
En el desempeño de este cargo,
además de dedicarse al trabajo propiamente científico, quiso servir al
mantenimiento físico del propio Instituto, fabricando él mismo parte de los
muebles que se necesitaba para llevar a cabo las distintas prácticas, o
arreglando mobiliario arruinado y ya inútiles; su habilidad como carpintero y
las dificultades presupuestarias se relacionaban en forma directa con este
hecho.
Tras la caída del
presidente Arturo Frondizi, el Malbrán fue intervenido y el trabajo de
Milstein, perjudicado: diversos contratiempos político-institucionales, que
incluyeron gran cantidad de cesantías, inquietaron a su grupo en la etapa
crucial de un programa de estudios muy avanzados para el contexto de entonces,
incluso a nivel mundial.
Milstein era uno de los que no había sido directamente
perjudicado, aunque ya estaba cansado de las gestiones y las trampas, de las
intrigas y de los comentarios arteros: todo esto le restaba la energía
necesaria para dedicarse a sus actividades científicas. Ocurrió durante el
gobierno del presidente provisional José María Guido.
Volvió a Inglaterra para
radicarse en forma definitiva.
Regresó en varias
oportunidades a la Argentina, en 1965 y 1970 por motivos científicos y en 1973
y 1975, por motivos familiares.
En 1980 recibió los
Premios Lovisa Gross Horowitz, otorgado por la Universidad de Columbia, EEUU y
el de la Fundación Wolf de Israel. En 1981, compartió con George Köhler, el
Premio de la Fundación Gairdner de la New York Medical Society.
En mayo de 1984, fue
invitado a inaugurar en Buenos Aires, la Cátedra abierta de Ciencias y Filosofía
«Florentino Ameghino».
Durante las varias
décadas que la ciencia aplicada intentó con diferente suerte fabricar líneas de
anticuerpos puros en forma artificial, es decir, inmunosueros capaces de
detectar y enfrentarse a una parte específica del antígeno con la esperanza de
poder vencerlo. Para Milstein, esta posibilidad se fue convirtiendo de a poco
en una obsesión que llevó consigo durante años, hasta que finalmente pudo
convertirla en hipótesis, primero, y en un logro después, con la colaboración
con su colega George Köhler.
Milstein y Köhler
debieron ingeniárselas entre 1973 y 1975 para lograr configurar los llamados
anticuerpos monoclonales, de una pureza máxima, y por lo tanto mayor eficacia
en cuanto a la detección y posible curación de enfermedades.
En 1983, Cesar Milstein
se convirtió en Jefe y Director de la División de Química de Proteínas y Ácidos
Nucleicos de la Universidad de Cambridge.
El 16 de octubre de 1984
se conoció la noticia que Cesar Milstein de 57 años, era galardonado con el
Premio Nobel de Medicina, compartido con el alemán George J. Köhler de 38 años
y el dinamarqués Niels K.Jerne de 73 años, por sus trabajos sobre inmunología y
anticuerpos monoclonales, cruciales en el tratamiento de las enfermedades
cancerosas; el síndrome de inmunológico adquirido en el transplante de órganos
y muchas otras posibilidades.
El Instituto Karolinska de Estocolmo seleccionó,
teniendo en cuenta a Jerne, a los tres grandes teóricos de la inmunología y que
difundieron las tres principales teorías entre 1955 y 1974, llevando a que la
inmunología moderna se percatara que la reacción inmunológica del organismo
«está regulada por una compleja red de anticuerpos y contraanticuerpos» y que
la teoría de la red es factor clave en la prevención, diagnóstico y tratamiento
de las enfermedades.
La contribución del
argentino Milstein y el alemán Köhler, consistió en el desarrollo de la llamada
técnica de hibridoma, para producir sustancias llamadas anticuerpos
monoclonales, es decir idénticos entre sí. Ambos científicos trabajaron en la
Universidad de Cambridge.
El gran hallazgo que le
valió a Milstein el Premio Nobel produjo una revolución en el proceso de
reconocimiento y lectura de las células y de moléculas extrañas al sistema
inmunológico.
Los anticuerpos monoclonales pueden dirigirse contra un blanco
específico y tienen por lo tanto una enorme diversidad de aplicaciones en
diagnósticos, tratamientos oncológicos, en la producción de vacunas y en campos
de la industria y la biotecnología.
En cuanto a sus
posibilidades de precisión para la realización de trasplantes, el uso de los
monoclonales permiten establecer el grado de afinidad entre los órganos y el
organismo receptor, de tal modo de diagnosticar de antemano si el órgano
trasplantado sufrirá o no rechazo.
El Premio compartido
ascendió a 190 mil dólares. Su verdadera importancia es que el trabajo abrió
una nueva etapa en la Medicina, ya que al fusionar los linfocitos B, que tienen
una vida media limitada en la producción de anticuerpos, con las células
tumorales de vida limitada, se logró un híbrido de ambas de acción permanente,
lo que significó un gran avance en la inmunología moderna, sobre todo para el
diagnóstico y tratamiento de gran número de enfermedades.
Cesar Milstein
continuó trabajando en el Laboratorio de Biología Molecular de Cambridge y
visitó la Argentina con bastante frecuencia.
En 1987 fue declarado
Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Bahía Blanca y recibió el título de Doctor Honoris
Causa de la Universidad Nacional del Sur. En 1993 obtuvo el premio Konex de
Brillante, en Buenos Aires.
En la madrugada del 24 de marzo de 2002, falleció César Milstein a los 74
años de una afección cardíaca en Cambridge. En 1993, el científico había
sufrido un infarto de miocardio.


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