Tener un perro es una de las experiencias más hermosas que puedes vivir.
Te acompaña en los días luminosos…
y en los más oscuros.
Te espera aunque salgas solo cinco minutos.
Celebra tu regreso como si hubieras vuelto de la guerra.
Pero hay una verdad que todos evitamos pensar.
Ellos viven menos que nosotros.
Y en ese tiempo más corto,
nos enseñan más de lo que muchas personas enseñan en toda una vida.
Lealtad sin condiciones.
Alegría por lo simple.
Presencia sin juicio.
Y cuando llega el momento inevitable…
nos enseñan la lección más difícil:
amar también es acompañar hasta el final.
Sin abandonarlos.
Sin delegar la despedida.
Sin soltar su patita antes de tiempo.
La parte más dura de tener un perro no es educarlo.
No es pagar consultas.
No es levantarte temprano.
Es mirarlo a los ojos por última vez…
y decir adiós.
Pero incluso en ese dolor,
hay gratitud.
Porque el precio de tanto amor
siempre será la despedida. 🐾💔
Desconozco el autor.
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