que habita en cada ser,
una chispa eterna que recuerda
quienes fuimos y nos impulsa
hacia lo que aún podemos ser.
Es el eco de todas nuestras risas y lágrimas,
la tinta secreta
con la que escribimos
en el corazón del tiempo.
El alma no envejece,
no se quiebra,
solo cambia de forma
para seguir buscando la luz
que reconoce
como hogar.
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