martes, 19 de noviembre de 2024

Remiendos

Yo también tuve que hacer remiendos. Sí, muchos remiendos. Y no solo en la ropa, no, esos son los más fáciles. 
A veces bastaba con un hilo, una aguja, y a coser. 
No se veía bonito, pero servía, mantenía todo en su sitio, aguantaba una temporada más. Pero los remiendos más difíciles no se ven. Son los que me fui haciendo por dentro. 
Esos son los que llevan más tiempo, los que demandan paciencia y silencio. 
La vida no viene siempre a la medida, ¿verdad? 


A veces una tiene que tomar lo que hay y adaptarlo, cortar un poco por aquí, añadir un poco por allá. Remendarse es más que coser. Es aceptar lo que fue, lo que no pudo ser. 
Recuerdo noches en que el cansancio me pesaba tanto como la luna en el cielo. 
Me deshilachaba en la cama, con los hilos de los pensamientos sueltos, sin saber cómo los iba a unir al día siguiente. Pero ahí estaba, al amanecer, otra vez buscando la manera de juntar los pedazos, de ponerle otro remiendo al corazón para que siguiera funcionando, para que no se vieran tanto las grietas.
Cofecciones Yolet 


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