jueves, 19 de septiembre de 2019

20 de Septiembre : Día Nacional del Caballo

La fecha recuerda la llegada de Aimé Félix Tschiffely a Nueva York, en una travesía que duró más de tres años y que tuvo de protagonistas a dos nobles e inolvidables equinos: Gato y Mancha.“Siempre he pensado que nada es mejor que viajar a caballo, pues el camino se compone de infinitas llegadas. Se llega a un cruce, a una flor, a un árbol, a la sombra de la nube sobre la arena del camino; se llega al arroyo, al tope de la sierra, a la piedra extraña. Pareciera que el camino va inventando sorpresas para goce del alma del viajero”. El 20 de septiembre se conmemora en nuestro país el Día Nacional del Caballo.


La fecha recuerda la llegada de Aimé Félix Tschiffely a Nueva York, en una travesía que duró más de tres años y que tuvo de protagonistas a dos nobles e inolvidables equinos: Gato y Mancha.
Este jinete suizo realizó un intenso itinerario por la geografía americana, en un recorrido que se prolongó desde abril de 1925 hasta septiembre de 1928 y que le permitió demostrar la resistencia de los caballos criollos.Aquellos dos fieles equinos, Gato y Mancha, que hoy descansan en la estancia El Cardal junto a los restos del andariego profesor extranjero que los llevó por horizontes lejanos a la Argentina, son un símbolo de la entrega y la fidelidad del caballo a las causas nobles que hicieron historia.

En busca de la liberación

Pero este fantástico animal sufre, como muchos, el abuso humano y algunos trabajan hasta morir. En la actualidad, numerosas personas con voluntad y cariño se dedican a protegerlos del maltrato y los entregan a nuevas familias que los cuidan y los alejan del maltrato.

En ese solidario camino están los miembros de El Potrerito, que iniciaron hace años sus acciones tras contactarse con Alejandra García, miembro de Libera Asociación Animalista y Fundación Franz Weber.

En este día tan especial que recuerda la hazaña de Gato y Mancha, desde las mencionadas asociaciones dieron a conocer la lucha que llevan adelante con la finalidad de terminar con la Tracción a Sangre (TaS).

Basta de TaS

Alejandra García expresó en su nota lo siguiente: “Luego de un intenso trabajo conjunto de la Asociación Animalista Libera y Fundación Franz Weber, quienes llevan adelante la campaña Basta de TaS (Basta de “Tracción a Sangre”) en Argentina y resto de Latinoamérica, comenzamos a ver los frutos.

El mejor de ellos es la liberación de los primeros 28 caballos en la ciudad de Corrientes, donde el Gobierno ha puesto en marcha nuestro programa con nuestro asesoramiento personal. Y también estamos extendiendo la campaña al resto de Latinoamérica.

En la vasta extensión de Argentina, un país extremadamente variable en climas, geografías, hábitos, costumbres e idiosincrasias, nuestro lema de que “vamos lentos porque vamos lejos” nos motiva a trabajar de forma que tengamos que adaptarnos a cada una de las realidades locales.

Ciudades del norte, con clima selvático, del sur con climas patagónicos o las centrales donde todo se hace con mucha calma, son datos que influyen incluso en la tomas de decisiones políticas y legislativas. Leyes y ordenanzas y los pasos para sus respectivas tramitaciones cambian sustancialmente de una punta a la otra del país, por lo que estamos permanentemente haciendo un fuerte ejercicio de adaptación de nuestros métodos de trabajo así como de nuestras propuestas, para ajustarnos a los modos locales y así conseguir la máxima efectividad en esta campaña.

Es así que hoy podemos anunciar con mucha alegría que la ciudad de Corrientes, Argentina, ya ha comenzado a sustituir a los caballos de los carreros de la ciudad, concretándose la primera sustitución el pasado 12 de julio cuando se entregaron los primeros 28 motocarros”.

Una lucha que dio sus frutos. Para Alejandra García, la consigna pasa por “liberar a los caballos a través de dignificar a las personas”.

“El programa Basta de TaS trabaja para que se dignifique el trabajo de los carreros, familias de los sectores más humildes y necesitados de la sociedad Argentina; los caballos, que sufren unas vidas muy lejanas a su naturaleza, con falta de alimento, de atención veterinaria y trabajando en ese estado de debilidad durante largas jornadas a través del complicado tráfico de las ciudades, consiguen a través de esta dignidad laboral del carrero su propia libertad.

¿Qué pensarán estos caballos liberados de tan duro trabajo? ¿Cuánto les llevará reponerse de sus heridas físicas pero, por sobre todo, de las del alma? Estas preguntas, que obviamente no tienen respuesta, son las que nos conmueven y movilizan, ya que sin duda cada uno de ellos será inmensamente feliz. Y esta felicidad la anhelamos para todos aquellos caballos que aún son sometidos a una actividad en la que literalmente se dejan la vida; y es que los caballos de los carreros trabajan hasta morir”.

Siempre sentí profunda admiración y afecto por los animales y dentro de ellos, particularmente por el caballo. Son capaces, muchas veces de brindarnos de modo práctico y sencillo, una lección de solidaridad y amor que no siempre los seres humanos ofrecemos en especiales situaciones.
No puedo olvidar recordar a Bucéfalo, al que Alejandro dominó cegándolo con el sol; a los caballos que Mahoma reservó para el paraíso de los creyentes y a los que calificó de «hermoso como el mar»; los caballos mártires de Balaclava y esos otros de la Caballería polaca cuando cargó contra los tanques alemanes en el preludio de la Segunda Guerra Mundial; los minúsculos ponies que divirtieron a los niños junto a los caballitos del tíovivo; los percherones que tantos surcos han arado y cuantos más.
La vida del caballo puede ser larga, llegando hasta los 30 años de existencia, pero, en infinidad de ocasiones es sometido a golpizas y malos tratos por parte de aquel a quien está prestando un buen servicio, lo cual resulta injusto y brutal.
Y, es lamentable, al igual que nosotros, los humanos, sufren y se entristecen mucho, llegando, inclusive, a enfermar. No debemos entonces ser crueles. La importancia y utilidad del caballo está muy bien plasmada en la hermosísima «Plegaria del caballo», hablándole a su dueño. Dice grandes verdades.
Puede señalarse de este animal que, fundamentalmente, se distinguen dos grandes grupos: caballos de tiro, empleados para arrastrar carretas u otros vehículos como son los percherones, fuertes y pesados, los bretones y los boloñeses.
Y, por otro lado, los caballos de monta que son más esbeltos teniendo entre ellos merecida fama los de raza árabe, el trotón francés, el pura sangre inglés y el andaluz, mientras que los ponies, que son fuertes y resistentes, sobresalen por la pequeñez de su talla.
¿Y quién no oyó alguna vez un relincho, sonido característico a través del cual expresa su esatado de ánimo? Teniendo un período de gestación de 11 meses, suele nacer un solo individuo por camada.
Domesticado, el caballo formó parte por derecho propio de los acontecimientos de la aventura humana a lo largo de los siglos y estuvo presente en algunos momentos decisivos de la humanidad, fueran batallas, colonizaciones o la exploración de nuevas tierras. Y a no olvidar tampoco que su ayuda ha resultado excelente para establecer rutas comerciales, trabajar tierras o mover vehículos, entre otras cosas. Y, es más, hoy es figura fundamental como auxiliar en la equinoterapia ayudando en el mejoramiento de enfermos especiales.
Se ha descubierto que la equinoterapia es un método que posibilita recuperaciones rápidas y asombrosas ante algunas enfermedades de diversos orígenes, como pueden ser las limitaciones físicas y mentales.
Desde 1989 se viene expandiendo por todo el país.
En el ámbito deportivo los usan cuatro grandes grupos: los discapacitados del aparato locomotor (los que tienen dificultad para caminar, por ejemplo, amputados, quienes están en sillas de ruedas, etc.), los discapacitados mentales (retraso madurativo, psicóticos, autistas, esquizofrénicos), los que padecen problemas sensoriales (ciegos, sordos, mudos), los que sufren parálisis cerebral y los cuadripléjicos.
Inteligente y valeroso, tiene el caballo una mirada mansa, profunda, rebosante de bondad, amiga, cómplice y difícil de igualar que, confieso, me enternece de modo singular. Pienso que los humanos no debemos ser, en absoluto crueles con el caballo, amigo del hombre y autor de proezas ecuestres.
¡Cuánta nobleza podemos aprender del caballo!

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