En 1880 Argentina iniciaba el camino hacia la
conformación de un Estado nacional moderno bajo la forma de un modelo federal y
republicano, después de más de seis décadas de desencuentros entre Buenos Aires
y las provincias del interior. Mientras los porteños preferían un esquema
centralista, el resto optaba por un sistema federal. Esta tensión política llegó
a su fin el 20 de septiembre de ese año, cuando el presidente Nicolás
Avellaneda puso bajo jurisdicción federal el territorio de la ciudad de Buenos
Aires y dejó la provincia sin su capital. Dos años más tarde, el 19 de
noviembre de 1882, el gobernador Dardo Rocha fundaba La Plata
como nueva capital de la provincia.
La zona elegida para la instalación de la
nueva cuidad fue de las Lomas de Ensenada, una región
contigua al Rio de La Plata, conectada con Buenos Aires a
través del ferrocarril. Estos terrenos, poblados por montes, lomas y bañados
eran propiedad
de Martín Iraola y se encontraban en las cercanías del incipiente
pueblo
de Tolosa que había sido fundado en 1871 y que, por entonces, contaba
con una población de apenas 7.000 habitantes.
Una vez encontrada la zona idónea,
Rocha convocó al ingeniero Pedro Benoit, hombre de su gran confianza
y estima, para trazar los planos de la futura capital provincial. Según algunos historiadores platenses, se cree que Benoit se
inspiró en la “France- Ville” a la que hace referencia Julio Verne en su libro
“Los quinientos millones de la Begun”. Finalmente, el 19 de noviembre de 1882 se inaugura la
cuidad en presencia del gobernador Dardo Rocha, el ministro Victorino de la
Plaza y el entonces presidente de la Nación, Julio Argentino Roca quien tuvo el honor de colocar la
piedra fundamental en una urna que estaba enterrada en pleno corazón del centro
geográfico de la ciudad,
donde hoy se encuentra Plaza Moreno, una de las más hermosas y amplias de toda la ciudad.
“Hemos dado a la nueva capital el nombre del río magnífico que la
baña, y depositamos bajo esta
piedra, esperando que aquí queden sepultadas para siempre, las
rivalidades, los odios, los rencores, y todas las pasiones que han retardado por tanto tiempo la prosperidad
de nuestro país”, manifestaba Rocha, en su discurso que fue escuchado por una
verdadera multitud.
Una vez concretados los planos de la cuidad y la distribución de los edificios públicos, en 1881 se convocó a un concurso internacional para que los arquitectos más famosos del Europa participaran de las construcciones de los principales edificios públicos de la ciudad. La idea inteligentemente pergeniada por Rocha era dotar a la ciudad de construcciones arquitectónicas con una gran variedad de estilos europeos.
Como resultado de la convocatoria,
vieron la luz el Palacio Municipal, de estilo neorrenacentista alemán; la Casa de Gobierno,
con un estilo neorrenacentista con
rasgos flamencos, detalles románicos y barrocos y el Palacio
Legislativo, caracterizado
por su estilo neoclásico con aires renacentista alemanes.
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