Hoy conmemoramos en nuestro país el retorno de la democracia, que tuvo lugar el 10 de diciembre de 1983, con la asunción del presidente Raúl Alfonsín.
El pueblo
argentino recuperaba la democracia y, con ella, el estado de derecho, tras
siete años de dictadura cívico militar.
Estas
elecciones marcaban el retorno a la Democracia, luego de 7 años de dictadura,
cerrando así una de las etapas más oscuras y sangrientas de la historia
argentina.
Apenas asume el 10 de diciembre de 1983, Alfonsín no tarda en cumplir su promesa electoral y envía al Congreso la Ley Nº 23.040, que deroga la Ley de Autoamnistía Nº 22.924 de la Dictadura y que se aprueba una semana después, convirtiéndose así en la primera Ley aprobada en Democracia luego de la dictadura cívico militar.
La recuperación de la Democracia fue posible gracias a un conjunto variado de actores y organizaciones, entre ellos, los partidos políticos tradicionales, sectores del movimiento obrero organizado y organismos de defensa de los Derechos Humanos, que articularon, progresivamente, la lucha contra la dictadura militar.
Apenas asume el 10 de diciembre de 1983, Alfonsín no tarda en cumplir su promesa electoral y envía al Congreso la Ley Nº 23.040, que deroga la Ley de Autoamnistía Nº 22.924 de la Dictadura y que se aprueba una semana después, convirtiéndose así en la primera Ley aprobada en Democracia luego de la dictadura cívico militar.
La recuperación de la Democracia fue posible gracias a un conjunto variado de actores y organizaciones, entre ellos, los partidos políticos tradicionales, sectores del movimiento obrero organizado y organismos de defensa de los Derechos Humanos, que articularon, progresivamente, la lucha contra la dictadura militar.
Nos, los representantes
del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente
por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de
pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar
la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover
el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros,
para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar
en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y
justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la
Nación Argentina.


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