Esta festividad cristiana conmemora la llegada al mundo de Jesús, hijo de Dios.
Algunos de sus símbolos revelan detalles de lo que ha significado la celebración.
La historia de la Navidad, de acuerdo con la Biblia, el libro sagrado de los cristianos, se fundamenta en la creencia en un Dios misericordioso, dispuesto a perdonar las fallas de las personas.
Se trata de un ser supremo cuya potestad es infinita por lo que su existencia no tiene principio ni fin. Justamente eso se ve representado en las coronas navideñas. Su forma circular imposibilita definir dónde comienzan y dónde terminan.
Aunque actualmente las coronas están hechas de distintos materiales, originalmente se hacían con hojas reales que simbolizaban la vida eterna traída al mundo a través de Jesús.
¿Por qué eterna? Porque con la llegada del hijo de Dios, los pecados de los humanos serían perdonados y podrían vivir para siempre tras la muerte terrenal.
He ahí la importancia de este suceso para el mundo cristiano y su conformación. Sin la figura de Cristo Jesús, el cristianismo no existiría. Por ello, su llegada se recuerda cada 25 de diciembre con las campanas que históricamente han servido para hacer anuncios.
En compañía de las coronas y las campanas, están las velas que recuerdan al Mesías como la luz del mundo.
Se rumora que Martín Lutero, el reformador protestante, fue el primero en ponerle velas al árbol. Sin embargo, esta idea se transformó debido a dos razones: la primera es que esta combinación muchas veces resultaba en incendio.
La segunda se relaciona con el descubrimiento y avance de la electricidad que permitió que se pasara de velas a luces.
Por eso, la Navidad ilumina las noches del mundo occidental.
No hay comentarios:
Publicar un comentario