domingo, 18 de diciembre de 2022

Las estrellas, símbolos de Navidad.

 

La estrella simboliza la fe, la luz que nos guía en nuestro camino hacia Dios. 
También está asociada con el espíritu de celebración y con las grandes ilusiones. 
La estrella que se coloca en la cima del árbol de Navidad representa la estrella de Belén que, según la tradición católica, fue el astro que guió a los Reyes Magos hasta el nacimiento de Jesús. 
Gracias a esta señal divina sus majestades pudieron ofrecer al Niño Jesús sus ofrendas: mirra, incienso y oro. 
De esta forma, la luz de la estrella también significa la fe y la esperanza que guía a todos los creyentes. Tradicionalmente, se colocaba una vela encendida en la cima de los árboles, pero dado el riesgo de incendio, con el tiempo se prefirió sustituir por una estrella. 


La estrella de Belén no sólo juega un rol importante y misterioso en la celebración del nacimiento de Jesús; sino que sienta precedentes para gran parte de la simbología no religiosa que conocemos hoy. ¿Pasó un cometa, se avistó la explosión estelar de una supernova o chocaron los planetas Júpiter y Saturno la noche en que Jesús vino al mundo? 
Los científicos debaten hasta hoy acerca de qué puede haber sido, desde el punto de vista astronómico, la llamada “estrella de Belén”. 
No importa lo que haya sido tal aparición celeste, ¿por qué seguirían los tres Reyes Magos la ruta de esta luz? ¿Cómo ha llegado esta estrella, en las más disímiles variantes, a la simbología de las más diversas ideologías y proyectos? 
Algo les quedó claro a los reyes magos cuando avistaron la estrella de Belén, dice el estudioso del Nuevo Testamento Jens Herzer, de la Universidad de Leipzig: 
“La ascensión de esa estrella era para los magos una señal de que había nacido un nuevo rey”. Ya lo había anunciado el profeta Balaam: “Saldrá estrella de Jacob y levantaráse cetro de Israel”. 
 El cielo y los nacimientos importantes 
Las personas importantes no llegan al mundo sin dejar huellas en el cielo. 
Una estrella se enciende o cae de lo alto, la luna o el sol se eclipsan. La historia está llena de este tipo de relatos, recuerda este teólogo de Leipzig. 
“Apariciones de la naturaleza, apariciones celestes asociadas con el nacimiento o la muerte de personalidades significativas. 
Ellas pertenecen al repertorio de narraciones sobre tales personalidades”, explica. Fueron los antiguos babilonios los primeros en examinar minuciosamente el cielo estrellado y establecer conexiones entre las estrellas y la política, afirma la especialista en Ciencias de la Religión Hannah Müller, de la Universidad de Marburgo. 
“Se trata básicamente de la idea fundamental de que lo que acontece en el cielo es parte también del acontecer en la Tierra. 
Los antiguos sacerdotes babilonios estudiaron las estrellas para calcular la aparición de eclipses lunares, con una significación para el calendario, en relación con cuándo había que consumar actos rituales y cuándo no” Las estrellas y los dioses 
Los griegos añadieron un nuevo elemento a la observación de las estrellas, asociándolas con determinadas deidades: Marte, ligada al dios de la guerra; Mercurio, responsable del comercio; y Venus, de la belleza. Saturno fue identificada como la estrella de los judíos y Júpiter, como la estrella rey. Y son éstas últimas las que explican el fenómeno con que se asocia la estrella de Belén. 
Los historiadores de la astronomía cuentan que, hace 2011 años, Saturno y Júpiter se encontraron en la constelación de Piscis. Así que, según la significación astrológica dada entonces a este suceso: a los judíos les nació un rey. Cuando Mateo, según su Evangelio, envía desde Occidente, o sea, desde Babilonia, a los intérpretes de estrellas de la época (hoy serían astrónomos o astrólogos), obtiene una confirmación: tiene que tratarse realmente de un evento único. “Esto es un reflejo de este centro, de este baluarte de la astronomía que representaba Babilonia. Ellos provienen de este lugar, son los expertos de entonces”, destaca Hannah Müller. 
Y la estrella no sólo señala el nacimiento de un niño extraordinario en Belén, la estrella es Cristo. Al menos así lo ve San Ambrosio, en el siglo IV: “Esta estrella es el camino y el camino es Cristo”. 
 Hijos de estrellas
 Hasta el comunismo, ateo, se apropió del símbolo de la estrella. Ver al Señor como una estrella, también esto es parte de la tradición judía, apunta el teólogo Jens Herzer: “Bar Kojba, el líder de la segunda gran revuelta de judíos en Judea (que dio inicio a la última de las grandes guerras judeo-romanas) a inicios del siglo II, se adjudicó a sí mismo ese nombre: Bar Kojba, hijo de una estrella. 
Él hizo imprimir monedas con el símbolo de la estrella. Ello muestra claramente que la llegada de un mesías se asociaba con esta simbología astronómica“. ¿A quién le asombra entonces que tampoco la doctrina de la salvación del comunismo se haya librado de acudir a esta simbología? 
Una estrella roja brilló durante décadas en las sedes de los partidos, fábricas y monumentos comunistas. La versión china de la estrella dorada sigue haciéndolo hasta hoy. 
Asimismo, el inventor del idioma esperanto, L.L. Zamenhof, depositó en una estrella verde (Verda Stelo) sus esperanzas de que prosperara una lengua internacional. 
Y hasta los padres fundadores de los actuales EE.UU., representaron con 13 estrellas blancas las aspiraciones libertarias de aquella joven nación. 

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