sábado, 9 de julio de 2022

Cómo era Buenos Aires en 1816

 

En 1816 se estimó una población de aproximadamente 40.000 personas, de los cuales un tercio eran habitantes de color. Esta pequeña aldea sostendría los ejércitos de la Independencia y ostentaría el orgullo de ser la única capital virreinal que nunca fue reconquistada por las fuerzas realistas.

Postergada durante centurias por el sistema comercial monopólico de España, a partir del decreto de libre comercio de 1778 Buenos Aires inició un meteórico ascenso económico. La comparación de los ingresos de la aduana de Buenos con los de Lima es impactante: en 1780, los ingresos de la capital del Virreinato del Perú ascendieron a $345.600 y estaban en franca decadencia; en 1783, a solo cinco años del libre comercio, la aduana de Buenos Aires producía ingresos por $368.967. 

En 1810 las rentas de la aduana porteña ascendían a $2.600.000!. Si se toman las exportaciones de cueros, núcleo del poder económico de la época, las cifras de crecimiento son igualmente asombrosas. Hasta 1778 la exportación se calculaba en 150.000 cueros anuales. Después de 1783, ese número había aumentado a 1.400.000. Por contrapartida, Córdoba apenas tenía ingresos por $70.000.

VIDA COTIDIANA

La vida cotidiana era áspera en la pequeña aldea de 1816. Las condiciones sanitarias eran muy malas y se concentraba en formar médicos militares y cirujanos que servían en los ejércitos patriotas. No extraña entonces que la antigua Escuela de Medicina del Protomedicato se convirtiera en el Instituto Médico Militar, dirigido por el doctor Cosme Argerich.

Una ventaja de Buenos Aires era la amplia disponibilidad de agua que las carretas de los aguateros traían del río y se vendía por las calles. En otras partes el agua era de pozo, de aljibe, de lluvia. Por eso, era común que la gente se bañara en el río. Mientras se veía trabajar a lavanderas, en su mayoría de color. No solo usaban jabón, sino que golpeaban la ropa con paletas de madera y la secaban sobre la hierba.

Desde 1811 se celebraron en Buenos Aires las "fiestas mayas", en conmemoración de la Revolución de 1810. La gente de la ciudad se reunía en la Plaza Mayor, dividida por la vieja Recova (se demolió en 1884), donde se realizaban distintos juegos. Uno de los más populares eran los "palos enjabonados" que en la punta tenían premios. Por la noche se escuchaba música, se bailaba y se disfrutaba de fuegos artificiales. El candombe era la diversión preferida entre los esclavos de raza negra.

Un espectáculo poco recordado eran las corridas de toros. En 1791 el virrey Arredondo inauguró la pequeña plaza de toros de Monserrat (ubicada en la actual manzana de 9 de Julio y Belgrano) con una capacidad para unas dos mil personas. Pero fue quedando chica, así que fue demolida y se construyó una nueva plaza para 10.000 personas en el Retiro en la que alguna vez supo torear el teniente de Granaderos Juan Lavalle.

En Buenos Aires el juego de la Lotería tenía amplia aceptación. Se jugaba los martes frente al Cabildo y con numeroso público. Al igual que los billares, el dominó y el truquiflor, antecedente del truco.

Sin embargo, el rasgo más decisivo de la Buenos Aires que lideró la gesta de la Independencia fue su pasión por la cultura. Los porteños harían de la cultura su razón de ser esencial. Buenos Aires tenía la vitalidad natural de las regiones menos civilizadas, una virtud que le permitió sobrevivir por sus propios medios y habituarse a pensar por sí misma. Admira la forma en que los rioplatenses crearon de la nada una sociedad abierta a las ideas de modernidad, su preocupación constante por estar a la altura de los tiempos y la decisión indomable de forjar libremente su destino.

Como puerto de ultramar, como centro de civilidad y progreso, como adelantada cultural, como ágora revolucionaria, Buenos Aires inició la trayectoria histórica que construiría la Argentina moderna.

 https://www.laprensa.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario